Arillo de hombre muerto

Arillo de hombre muerto: Una película sobre los desaparecidos en México

Luego del Día de la Bestia vinieron más películas. Arillo de hombre muerto es una de ellas. Película dirigida por Alejandro Gerber, en la que nos muestra el rostro triste y desencajado de una mujer, trabajadora del metro de la Ciudad de México encarnado por la actriz Adriana Paz, quien viene de ganar en el Festival de Cine en Cannes la categoría A mejor actriz, por el largometraje Emilia Pérez.

Guadalajara, 12 de junio (MaremotoM).- El esposo de esa mujer, llamada Dalia, quien también trabaja en ese tren naranja, un día no regresa a casa, en la película no vemos ese clásico color del metro de la ciudad, porque el filme es en blanco y negro. A partir de ahí, el director de este largometraje, que compite para el Premio Mezcal en esta edición 39 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, nos presenta un calvario que va de un túnel oscuro bajo la tierra, a otro todavía más oscuro y denso fuera de él que parece no tiene fin.

Dalia es mamá de un par de jóvenes y tiene un amante, personificado por el que alguna vez fue el narcolobo feroz en la Miss Bala, Noé Hernández, de quien intenta sostenerse emocional y sexualmente frente a esa tragedia que es una crónica de la desesperación.

“Renuncie al trabajo” le dice a su hijo quien sorpresivamente ve que su mamá llega a casa en un horario en el que ella solía estar fuera de casa, mientras él se besa con otro joven. Pero por qué renunció a su trabajo, pues porque “allá abajo, no hay señal de celular” y así no puede saber si hay noticias de su esposo que ya tiene días de desaparecido.

Esta película creo que será uno de aquellos relatos fílmicos que conforme vaya pasando el tiempo tomará más sentido, pues quién en su sano juicio quiere ver una película así, qué director de cine quiere contar una pesadilla, acentuada con el sonido de un organillo de iglesia tocado por el talentoso músico Alex Otaola, quien además viene de hacer la música de otra película llamada -para acabarla de chingar- Desaparecer por completo, un filme del nieto de Capulina, Luis Javier Henaine.

Me cuenta Alex Otaola que cuando vio el nombre de Alejandro Gerber en la pantalla de su celular, pensó que era para esto, para hacer la música de un película, pero cuando supo que era con ese instrumento que podría ilustrar una película de cine mudo, no pudo más que sonreír y decir que sí, aunque por dentro estaba un tanto absorto de cómo iba a sonar esto.

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Al finalizar la función les pregunté tanto a Alejandro Gerber como a Adriana Paz, si estaban conscientes de lo que están arbolando con una película así, sobre todo Paz que su rostro está monumental en este filme retratado por Hatuey Viveros Lavielle y que recuerda a esos close up de las diosas del cine de la época de oro mexicano, pero absolutamente apesadumbrado y no por ello imponente.

“No tengo dudas que está será una película importante, pero requerirá su tiempo para poder comprenderla, lo que significa además que ésta se estrene justo en el inicio del fin del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, para entregar la banda presidencial a Claudia Sheinbaum el próximo, 1 de octubre y que esté presente en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la capital de Jalisco, el estado donde hay más desparecidos en Mexico.

No parece casualidad, aunque esta película tardó diez años en realizarse, lo que al menos para mí simboliza algo, pues Arillo de hombre muerto, en el fondo es la metáfora fúnebre de como un tema que es una moronga, ya no puede permanecer bajo el suelo, pues las familias que sobreviven a esto de no saber dónde están aquellos que un día no volvieron a casa, cada vez será visible y le estallará en la cara al gobierno en turno.

Por más celebración haya por el triunfo de un gobierno elegido por 35 millones de mexicanos, llegará un momento que este tema no lo podrán ocultar y rasurar las cifras, por supuesto que esto es nuevo, pues llevamos al menos tres sexenios (Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador) en que este tema ha marcado a la vida de los mexicanos, pero este sexenio que termina ha sido omiso y sobre todo indolente, frente a las víctimas de lo que podría ser una de las expresiones más dolorosas del México que hoy hasta ha resginificado el tradicional Día de Muertos, porque dónde están”.

Hay que ver Arillo de hombre muerto, aunque la película sea anticlimática para estos tiempos en que muchos celebran el país que somos, luego de haber sobrevivido a nuestro coronavirus particular. Uno al que le pesa tanto su pasado glorioso -y no por ello menos sangriento- que lo único que nos queda es ser el país de los santos difuntos desaparecidos, ¿o me equivoco?

Ya lo dijo un día Cantinflas: “Estamos peor, pero estamos mejor, porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora, que estamos mal, pero es verdad”.

 

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