Carlos Busqued

Carlos Busqued, el escritor que amaba a Juan José Arreola, muere a los 50 años

Claudia Piñeiro escribió: “Quisiera que alguien dijera que no es cierto, pero sí, con solo 50 años murió Carlos Busqued, autor de varias de las mejores novelas que dio la literatura argentina en los últimos años. Qué pena. Abrazo a su familia y amigos. Qué triste”.

Ciudad de México, 10 de marzo (MaremotoM).-  No necesitabas un hígado como Roberto Bolaño, pero al igual que él moriste a los 50 años. Como Miguel Briante, cayéndote de una escalera, dejando a este mundo literario, que tanto odiabas y amabas, perplejo y triste.

Los que te amaban por tu personalidad polémica y por tus libros eran escritores como tú, Carlos Busqued. Quizá la pandemia, quizá este tiempo lento en el que estamos todos metidos, nos privó de conocerte en México. Al principio pensábamos que por tu apellido, eras catalán.

Claudia Piñeiro escribió: “Quisiera que alguien dijera que no es cierto, pero sí, con solo 50 años murió Carlos Busqued, autor de varias de las mejores novelas que dio la literatura argentina en los últimos años. Qué pena. Abrazo a su familia y amigos. Qué triste”.

Carlos Busqued
Para mí leer y eso se mantiene hasta ahora es irme, es una herramienta de evasión. Foto: Cortesía

A estas novelas se refiere (ambas editadas por Anagrama): Magnetizado, un libro raro en el que el autor publica la historia de un asesino, responsable de muertes que ocurrieron en pocos días en 1982 en Buenos Aires. Cuatro taxistas aparecieron sin vida al frente del volante y al homicida lo denunció su padre y su hermano. Carlos va a entrevistarlo (como hizo Truman Capote) a la cárcel y sacó este libro magnífico.

La otra novela es Bajo este sol tremendo, una historia que saca lo peor que ha quedado de la Dictadura Argentina: esos “milicos” o soldados que ya no tienen víctimas y como tal se pasan al crimen organizado en esos pueblos de provincia donde todos conocen a todos, pero nadie sabe nada de nadie.

Carlos Busqued
El libro es bueno, la película no es mala. Adiós a Carlos Busqued. Foto: Cortesía

Se hizo una película de Adrián Caetano, que se llamó El otro hermano, un filme que odiabas y del que decías: “Me daba miedo verla, pensaba que iba a ser una bosta. Había leído algunas críticas entusiastas y pensé que por ahí zafaba. Y no. Cuando la vi, dije: No pueden ser tan hijos de puta. Es como que te hubieras comprado una suprema napolitana con papas fritas y le sacás el queso, la sala, el orégano, las papas, la suprema. ¿Para qué compraste mi novela si podrías haber escrito la misma mierda con los guionistas de mierda que tenías? Para escribir una intrascendencia ya tenés gente, loco”.

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De todas maneras, la película (que se puede ver en Netflix) es de terror, como ese terror que emana de tus páginas en un país que vive con ese miedo crónico.

Eras salvaje. Odiabas lo que se conoce como “medio literario”. Habías nacido en 1970 en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco (Argentina) y vivías en San Cristóbal, en Buenos Aires. Tenías una personalidad polémica en twitter, ese infierno en el que te destacabas y en donde hoy hay muchos que viven como una fiesta tu partida.

No importa. Muchos te amaban, como esos escritores tan pensados para serlo, a ti, que no eras el escritor “natural”, como le dijiste a Luciano Sáliche, en una nota para Infobae Cultura, que se tituló “Escribo para que se me perdone lo que soy” y en donde dices que el que la primera persona que te dio ganas de escribir fue Juan José Arreola.

“Para mí es natural porque la aproximación a la literatura que yo tuve es la de un fan o más que un fan. Para mí leer y eso se mantiene hasta ahora es irme, es una herramienta de evasión. Desde chico era una cosa que me sacaba de donde estaba, por eso la quiero mucho. Mi aproximación es como muy sentimental, muy de ejercicio de la lectura. Con el correr del tiempo, se te va poniendo un poco más fino el gusto. Tuve aproximaciones más serias, empecé a comprar en librerías de usados, te estoy hablando de chico: 14, 15 años. Bueno, a Kafka lo leí más de chico. Después se te va afinando el gusto, pero te diría que la primera persona que me dio ganas de escribir fue Arreola. En la biblioteca del secundario había una colección que quedaba de remanentes de la colección la Biblioteca de Borges y estaba un libro de Juan José Arreola, una compilación de cuentitos”.

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