Los cínicos

De la Marcha del Orgullo a la clausura del FICG 39

El wixárika gay, el vaquero texano, la chica con cabeza de conejo y otras historias diversas. Es el último día del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Para poder llegar a la Cineteca hay la opción de viajar desde uno de sus hoteles sede, el Fiesta Americana. Se encuentra a unos cuantos pasos de la glorieta la Minerva, el lugar donde finaliza Zapopan y comienza Guadalajara.

Ciudad de México, 18 de junio (MaremotoM).- Cada dos horas, salen las camionetas de ese hotel con invitados y prensa rumbo al Conjunto de Artes Escénicas, sitio donde hemos estado toda la semana entre funciones de películas, conferencias, entrevistas y cocteles. Llego al módulo para anotarme y salir de ahí a la una de la tarde, pero faltan casi dos horas, así que voy a tratar de resolver temas bancarios y a partir de ahí poder desayunar algo, los días han sido de vigilia, que no da tiempo de nada.

En el camino me encuentro a Robín y un trío de heroínas anónimas que lo rodean, les pido que me dejen tomarles una foto, aceptan, les pido que no estén tan serios y que señalen con sus manos hacia la cámara de mi celular y queda una foto que los hace reír. ¿Y por qué está en Chico Maravilla ahí, en plena avenida López Mateos? Pues porque a la una de la tarde, están convocando para asistir a la Marcha del Orgullo, que partirá de la glorieta de la Minerva.

Falta una hora para que la camioneta salga del Hotel Fiesta Americana rumbo al FICG, aprovecho para hacer un “en vivo” desde el Instagram de la revista cínica. Voy con el celular narrando lo que veo, mujeres y hombres que se preparan para andar de ahí hasta el centro de Guadalajara. Al llegar a la Minerva ya hay un templete donde toca un grupo, empiezan a llegar camiones coloridos donde irán los diferentes colectivos que enarbolan la lucha por el respeto a los derechos de la comunidad LGBTTTI+.

Es la décima ocasión que sucederá esta colorida manifestación, la Marcha del Orgullo, pues cada mes de junio en el mundo se celebra a la diversidad sexual y de género. Sigo caminando y me encuentro muchas personas, converso con algunas. Ahí está el wixárika gay -“estoy aquí, porque también nosotros cogemos en nuestros pueblos”-, el vaquero texano, las chicas que vienen con su mamá, una mujer con cabeza de conejo, entre otras. Esperan medio millón de personas, me dice uno chico del comité organizador de la vanguardia. Él lleva una playera de aniversario. Me dice que habrá conciertos y luego fiestas por toda la ciudad.

El sol cae a plomo, sigo caminando mientras grabo cómo la gente va llegando para a las 2:30 arranque esta gran reunión de almas coloridas. Me doy cuenta que ya pasan de la una de tarde, de todas formas voy a ver si por error hay alguna camioneta que salga rumbo a la clausura del FICG 39, programada para las cinco de la tarde en el auditorio Plácido Domingo.

“No hay más salidas”, me comenta uno de los choferes, de hecho las que habrá serán para los organizadores, por lo que parece difícil obtener un lugar, al mismo tiempo del hotel sale una chica preguntando lo mismo y recibe la misma respuesta. Yo pensaba irme en camión, luego de no haber podido resolver nada en el banco y traer poco dinero en la bolsa. Me acerco a ella y le digo que si compartimos un Uber, ella de hecho está pidiendo uno, así que minutos después ya estábamos viajando rumbo al cierre de este festival.

Ella es productora de un cortometraje que habla sobre el desplazamiento de yaquis en el estado de Sonora, para quitarles sus tierras, en tiempos del Porfiriato. Un tema poco tratado y borrado de la historia oficial. Naiki weeria. Ka gotti ba’a betuk luula, es un corto de 20 minutos hablado en lengua cahíta.

Su productora, Denisse Durón, con quien viajo en ese auto me cuenta sobre el despojo y la esclavitud que vivieron yaquis desplazados para trabajar el henequén en las haciendas yucatecas. Espero pronto poder ver esta película de Zyanya López Arámburo, quien ha dicho que el cine es una intruso en su vida, pues ella no estudio para cineasta pero siendo doctora en Arte y diseño algo intuye, por lo que hacer películas se ha vuelto “un refugio donde ha encontrado un lenguaje más por explorar”.

El calor y tráfico en la ciudad es intenso y en esos momentos de silencio entre Denisse y yo, me quedo dormido, los lentes oscuros que llevo disimulan mi clavada de pico, vuelvo a la vida en algún momento y seguimos conversando. Antes de las tres de la tarde estamos llegando al sitio donde en unas horas vendrá la clausura del FICG 39. Denisse se despide de mí, pues va corriendo a ver cortos iberoamericanos, que por cierto, yo vi una noche antes y no tienen desperdicio alguno, todos son muy estimulantes. Son trabajos fílmicos de gente muy joven.

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Ahí está Cuando todo arde, de la argentina María Belén Poncio, sobre una zona donde hay un incendio e Isabel que pertenece a una brigada forestal, ataca un desarrollo inmobiliario implicado en incendios ello, lastimando a un viejo que cuida ese zona exclusiva, el mismo que se encontrará más adelante, en una de las casas donde sucede una quemazón de un bosque. Él no se quiere salir de su casa y ella decide acompañarlo hasta el final.

El primero de los cortos es apenas el preámbulo de muchas sorpresas pues vendrán películas sorprendentes y con la presencia de sus directores. Mi prejuicio a los cortometrajes se derrumba, no es la primera vez que me pasa, pero se le olvida a uno por pensar que son trabajos estudiantiles malhechos y por trámite para pasar de semestre. Pues no, todos me atrapan, tanto así que pierdo la noción del tiempo.

La gran obra, de homónimo del viejo rockero cantante del TRI, es una historia sucedida en algún lugar de España, donde una pareja adinerada , Leo y Diana, van a dejar una pantalla rota a un centro de reciclaje, donde conocen a Slif y su supuesto hijo Yousef, a quienes terminan por llevarlos a su mansión para recoger una lavadora, esto motivado más por Diana que por Leo, habiendo una tensión durante todo el corto, que recuerda películas como Parásitos, de Bong Joon-ho, donde hay una lucha vedada de violencia entre pobres y ricos.

Todo cambia cuando entre las cosas que llevan en la pequeña camioneta este par de hombres morenos, la mujer que les acaba dando un refri, un par de libros y demás, al sacar las cosas para acomodar todo, se percata que llevan un cuadro que recogieron en otro sitio, que parece valer tres mansiones como en la que se encuentran. Así que empieza una insospechada subasta entre la pareja y el dúo dinámico de chatarreros.

En esta misma función veo Ella se queda, corto mexicano de Marinthia Guitiérez Velasco; Mala Facha, de la uruguaya Ilén Juambeltz; la genial comedia de futbol y el mundo femenino llamada Passarinho, de la mexicana Natalia García Agraz. Finalmente Spiritum, del mexicano Adolfo Margulis, que es un delirante filme sobre lo que se vive en un centro de rehabilitación de adicciones, donde el mismo director un día estuvo “recluido”, tras vivir en carne propia las consecuencias de la enfermedad del alcoholismo.

Me hubiera gustado comentarle esto y más a Denisse, pero no sé porque fue hasta que me dijo que corría a la función de cortos iberoamericanos que me percaté que fue los mismos que yo vi una noche antes, los cuales llegué por casualidad ya que me había metido a ver una película que no pude soportar luego de ver un par de minutos, El crimen de Cuenca, un filme de los años ochenta traído por la comunidad de Madrid, invitada de honor, que se remonta a 1913, cuando dos hombres son detenidos por ser supuestos autores del asesinato de un pastor de oficio en Osa de La Vega, en Cuenca.

Lo siento Pilar Miró, directora de este largo que ya murió, pero era viernes en la noche, la sala estaba con dos personas más -contrario a esa función repleta de jóvenes entusiastas por ver cortos- y no, además yo estaba de humor para ver uno de esos filmes que se esmeran en ser plúmbeos en su estructura gramatical, como para no ser vistos o al menos no luego de estar diez días enfiestado, más bien queremos más fiesta y qué mejor que luego de una serie de películas que inspiran a ver y hacer películas, el haber llegado a La Zorra, un bar que se encuentra en el centro de Zapopan, lugar donde fue la celebración de los jurados del FICG y en el que hubo buena comida y algunas ponderables cervezas artesanales patrocinadas por ese hermoso sitio de colores cálidos donde un chico dark, músico él, atiende la barra. Sin duda esta fue la mejor película de esa noche previa al final de este festival de cine.

Fuente: Revista Cínica / Original aquí.

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