Dionisio sin maletas

DIONISIO SIN MALETAS | Diatriba en un laberinto

Si algo he aprendido después de tantos años es que …

Ciudad de México,  23 de febrero (MaremotoM).- La mañana es tibia aún. El calor se conserva en las sábanas. Las batallas nocturnas dieron paso al ocaso de un amor que no sabía terminaría ese mismo amanecer. Despierto más temprano que tú y mi primer pensamiento va hacia ti. Volteo a verte, con mis ojos que apenas descubren contemplo que estás allí, a mi lado, dormida aún. Mi corazón espía tu silueta, luego mi mente la recrea. Sonrío para mi ya que sé que me sé cada parte de ti. Sin tocarte recorro tu cuerpo, amasijo perfecto de carne, huesos, alma, dolor, sudor y deseo. Mientras te pienso y te veo con bien, el sueño me vuelve a vencer.

Cuando vuelvo a despertar tu ya no sigues allí, a mi lado. La inmensidad de la cama vacía me hace sentir como un naúfrago en un mar de sábanas color carmín. La mañana huele a un día cualquiera. No sé a dónde te fuiste más lo imagino. No te escribo, no hace falta, sé que estarás bien y que estás conmigo aunque no estés aquí  y que más tarde volveras para ser uno, Tu y Yo, como cada día, como cada tarde.

Paseo al perro, doy de comer al gato, me hago un café en una moka expropiada, hojeo un libro que llevo meses leyendo sin poder avanzar. Trata sobre un amor que no pudo ser por razones que me parecen absurdas. El amor no se acaba de un día para otro y quien no se de cuenta de ello es un tonto, pienso para mi sin saber que soy uno de esos tontos.

Dionisio sin maletas
Foto: Alejandro Cárdenas

Cuando regresas la vida ya no es igual. Ni vale la pena darle vueltas a la razón de la sinrazón. Tus motivos tendrás y uno los debe de respetar. A güevo ni los zapatos, el amor es de dos o no lo es. Doy la media vuelta y me alejo. Me traigo conmigo una valija con unas pocas pertenencias: un guante de beisbol, un par de libros que algún día leeré. Regreso uno de ellos, trata sobre ese tonto que antes les conté y que se parece mucho a mí. Me traigo también conmigo el olor a la hora de hacer el amor. Una sonrisa de nunca acabar. Unos cuantos chistes mal contados pero de final feliz. Me traigo enredado en el alma algunos cabellos sin fin. Una mirada lasciva. Unas cenas de reyes, unas tardes de cielos naranjas cuando los gallos, confundidos, cantaban el amanecer. Una luna que se reflejaba en tu mirar y unas caricias de nunca acabar. Me traigo también conmigo la incredulidad de no saber cómo pasó lo que pasó.

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Llego a mi casa y me parece que arribo a un desierto vacío. No quepo aquí. No cierro la puerta porque pronto me habré de ir. Antes de ello, guardo en un cajón tu recuerdo no sin antes darle un beso y agradecerle por lo que fui, lo que fuimos. Antes de irme escribo esta catarsis de sopetón y sin releer. Dejo las palabras volar así como emprenden el vuelo las aves pa’ ver si la premura ayuda a mi interior, donde sólo queda un sentir y es el de que si algo he aprendido después de tantos años es que el amor es una cosa que no se debe tocar.

 

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