Dionisio sin maletas

DIONISIO SIN MALETAS | Oda a Eda

La memoria me dice que es justo en esos momentos cuando el chiquillo piensa que, al bajar, le dará un tierno beso a la Amá pa’ que ella ya no esté molesta. Cuando pequeño, uno se estira pa’rriba lo más que se puede, de puntillas pa’ alcanzar a la mamá sin saber que el tiempo pasará y que ahora, muchos veranos después, muchos otros árboles trepados con sus respectivas caídas, uno se agacha un poquito para alcanzar a cubrir el rugoso cachete de la madre. Así de hermoso es el tiempo que se lo pasa jugando con nosotros.

Ciudad de México, 10 de mayo (MaremotoM).- De las muchas y muy variadas frases de mi madre que repito a mis hijos sin siquiera pensarlo está la imbatible “Porque yo lo digo”. Usualmente la empleo cuando me quedo sin argumento alguno y no me queda más que la tiranía del amor paterno. Luego de pronunciarla me siento como un pequeño López Obrador al terminar una Mañanera.

En algún lugar de Coahuila, ahí por mi rancho natal, al ladito nomás de los nogales y los mezquites, entre Kikapús y víboras de cascabel que le sacan la vuelta al pedrerío del Río Bravo, han de tener una Enciclopedia de Frases Maternas Para Hacer Crecer A Los Güercos y en ella las expresiones de las mujeres Martínez han de ocupar un apartado muy grueso y muy especial.

“Pa’ que te quiero menso o turulaco” se dice cuando el niño anda trepado en lo más alto de un nogal de ramas flacas. Se remata con un “Si te llegas a caer vas a llorar del golpe y de los chanclazos que te voy a dar”, así que a uno no le queda más que quedarse petrificado allí, en la brisa alta por un rato, pensando en cómo bajar de la forma más segura para no darle la razón al escarmiento en forma de chancla.

La memoria me dice que es justo en esos momentos cuando el chiquillo piensa que, al bajar, le dará un tierno beso a la Amá pa’ que ella ya no esté molesta. Cuando pequeño, uno se estira pa’rriba lo más que se puede, de puntillas pa’ alcanzar a la mamá sin saber que el tiempo pasará y que ahora, muchos veranos después, muchos otros árboles trepados con sus respectivas caídas, uno se agacha un poquito para alcanzar a cubrir el rugoso cachete de la madre. Así de hermoso es el tiempo que se lo pasa jugando con nosotros.

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Un sábado de ver caricaturas pasaban un comercial en el televisor sobre una colección llamada Los Cien Mejores Éxitos de la Música Clásica. Fue así como mamá me inculcó la curiosidad y luego el gusto por Vivaldi y Beethoven. Después, ya grande y agradecido descubrí a Bach y Sibelius. Por esos mismos tiempos, junto a papá, adquirieron de Selecciones de Readers Digest una cajita con diez casetes que contenían gran parte de la discografía Beatle. “Let It Be” y “Come Togheter” empezaron a acompañar las tardes en que mamá cocinaba los más deliciosos manjares del noreste caliente. Del picadillo al cortadillo, de las tostadas al menudo. McCartney le pedía las de harina a Ringo.

Leer, leer, leer y contar las historias de otros días viene de muchas tardes escuchando a mamá y a mis abuelas, a mis tías, hermanas y mis primas con quienes crecí, y que me hacen volar y valorar el hoy querer gritar: ¡Gracias Mamá por ser mi mamá!

Gracias por aquel pajarillo caído de un árbol que me ayudaste a intentar salvar,

Gracias por enseñarme a cocinar mientras me contabas historias,

Gracias por las risas en las tardes de verano,

Gracias por tomarme de la mano en este camino llamado Vida,

Por aquel CD de Nirvana que me acompañó tantas tardes de adolescencia tentando tu paciencia,

Gracias por salvarme en mis días cabizbajos,

Gracias por ser como una caminata al lado del mar,

Dionisio sin maletas
Gracias por las risas en las tardes de verano. Foto: Alejandro Cárdenas / Cortesía

Una brisa matutina,

Una sonrisa de nunca acabar.

Gracias por ser y estar.

Por nunca claudicar y enseñarme a valorar.

Gracias por los regaños,

Por la herencia de carácter,

Por enseñarme a darle valor a lo verdadero,

A lo duradero por sobre lo superfluo, a lo vital por sobre lo trivial.

Gracias por enseñarme que el amor se sorbe a cucharaditas pequeñas pa’ que no se caigan de la cuchara,

Gracias por ser una pintora que lleva a otros mundos, una poetisa que escribe del todo y de la nada, una doctora que cura cualquier mal, una mujer como todas y como ninguna, una maestra de la vida, una luz en el camino, una madre a toda madre… Gracias por ser mi Amá, Amá.

¡Feliz 10 de mayo!

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