El Patio

El Patio: se derrumba la fachada del que fuera famoso centro nocturno

Hoy que se derrumbó El Patio, se derrumbaron en mí esas noches de gloria que tuve oportunidad de vivir y reseñar para El Heraldo de México.

Ciudad de México, 4 de junio (MaremotoM).- Era 1987; agosto, quizá septiembre; un sábado por la noche (no recuerdo el día; no me pidan tanto); trabajaba yo como aprendiz de reportero en el antiguo El Heraldo de México, sin paga, porque aprendiz, y mis ahorros y mi liquidación de Banca Serfín ya se me estaban agotando.

A las 8pm de ese sábado, alguien preguntó “¿quién va a cubrir el show de Valeria Lynch en El Patio?”

“Que vaya el nuevo”, dijo Macarena Quiroz, jefa de información de la sección de Espectáculos.

El “nuevo” era yo.

“¿Dónde queda El Patio? ¿Cómo me voy?”

“¡Ay, este niño no sabe nada!”, refunfuñó Macarena.

Ismael, un asistente de la redacción, me dijo qué estación del Metro me dejaba cerca y que, de ahí, pues caminando.

Debía estar a las 10pm. Llegué, puntual.

El Patio
Un señor de smoking me recibió en la entrada (luego supe que eran don Manuel Gómez Tovar, gerente y anfitrión del lugar). Foto: Cortesía Facebook

Un señor de smoking me recibió en la entrada (luego supe que eran don Manuel Gómez Tovar, gerente y anfitrión del lugar). “¡Señor Víctor Hugo Sánchez, bienvenido a El Patio!”, dijo, con toda parsimonia y rimbombancia.

Me llevaron a la mesa de prensa. El evento lo organizaba, si no me equivoco, BMG-Ariola, pero yo no conocía a nadie. A nadie.

El mesero ofreció llevarme la cena y de beber, y como yo no traía un peso partido por la mitad, le dije que no tenía hambre, que un vaso de agua estaba bien. Nadie me había explicado ni yo lo sabía, que a la prensa le invitaban todo (por parte de la disquera o del promotor, al caso), así que me quedé sin cenar ni echarme un drink (en aquellos años me gustaba el Bacardí Solera con Sidral Mundet), y a la media noche (puntual), salió Valeria Lynch, de quien conocía poco o nada (acaso, el dueto que hizo con José José (“Hay un mañana”) y párenle de contar.

El centro de espectáculos “El Patio”, que vio nacer a figuras como José José, se derrumba en la delegación Cuauhtémoc con saldo de dos lesionados. Foto: Cortesía Facebook

Pero la mujer, enorme artista; tremenda artista, me hizo la noche.

Al finalizar el show, por ahí de las 2am, si no mal recuerdo, Dulce María Ruiz de Velasco, jefa de prensa de BMG-Ariola me invitó al camerino para entrevistar a la cantante y así tener una mejor nota, cosa que hice.

Salí de El Patio a las 3am del domingo, sin un peso, sin transporte nocturno, y como ya en dos ocasiones había pedido “ride” hacia el sur y habían intentado sobrepasarse conmigo dos cuates, me dispuse a caminar desde el Centro de la Ciudad hasta Villa Coapa, donde vivía con mis padres.

Llegué a mi domicilio a las 7:30 am.

Mis padres, furiosos por no saber nada de mí (nunca les avisé que me habrían enviado a cubrir el evento), me vieron llegar muerto de hambre, de sed, de sueño y mi madre me dijo “¿de dónde vienes?”

“De cubrir un evento”, le dije.

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Mi padre, más inteligente que la rechi, me dijo “vienes caminando desde El Patio”.

“No, el taxi me dejó en la esquina”.

“A ver, hijo; no te están pagando ahí; te voy a pedir que renuncies; quizá sea lo que más amas hacer en la vida; pero no vas a vivir de eso; te exijo que mañana lunes renuncies a ese trabajo; ve a comer algo y duerme”.

Al siguiente día fui y renuncié, primero a mi jefe; luego, me despedí de mis compañeros y fui a despedirme del gerente del periódico, el señor Guillermo Alarcón que, de inmediato, me dijo:

“Ya sé que se va al Ovaciones o al Novedades; así no se hacen las cosas, jovencito”.

“No, señor; me voy porque llevo seis mese de trabajar sin goce de sueldo y este fin de semana pasó esto”.

Enojado, lo que le sigue, bajó conmigo a la redacción de Espectáculos y le dijo a mi jefe:

“Memo, ¿por qué haces esta pendejada de mandar a un niño a esas horas de la noche sin pagarle? Tienes una plaza que no has ocupado, ¿sabes el pedo en el que nos pudiste meter si le pasa algo? ¿Quieres que se quede?”

Mi jefe asintió con un leve movimiento de cabeza y el gerente me dijo: “Quedas contratado a partir de este momento; no puedo pagarte retroactivo, pero a partir de ahora cobrarás cada quincena; bienvenido de manera formal a tu nueva casa”.

Regresé a mi casa a contarles a mis papás que ya iba a ganar 900 peso mensuales, que ya no se preocuparían por mi.

Después, ya con más conocimiento de causa fui una y mil veces a El Patio, el centro nocturno por excelencia en la CDMX y pude ver desde el lanzamiento de Maná, a Raphael, a Julio Iglesias, a Rafaella Carrá, a Pimpinela y a muchos poperos de la época.

Pero la noche que me marcó y la resguardo como una de mis noches favoritas es cuando, en 1989, la señora Rocío Dúrcal me invitó a ver a José José, cuando aún cantaba y les juro, de estos 37 años y tres meses de periodista, es una de las veladas más gratas y memorables en mi corazón y en mi alma.

Como era la época en que no había celulares, la gente se concentraba e ver al artista y disfrutarlo.

En las mesas de El Patio siepre había floreritos con claveles rojos y blancos y ver a José José cerrar su show con El Triste y esa lluvia de flores en el escenario, hasta servilletas, se queda como una de las más memorables en mi alma y corazón.

Y, ya; es todo lo que tengo qué contar de El Patio, lugar que luego fue desplazado como el favorito de las estrellas, por el Premiere y el Prestige, que tenían una mejor acústica y les cabía más gente.

Hoy que se derrumbó El Patio, se derrumbaron en mí esas noches de gloria que tuve oportunidad de vivir y reseñar para El Heraldo de México.

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