El precio de la pastilla

Así es el juego de los dueños y de las grandes mafias de la industria farmacéutica. Apuesto a que el precio real de producción por pastilla es de menos de 10 centavos. Pura especulación, un ejercicio de poder que mata a quien no puede pagar el plusvalor de la sangre que exigen los vampiros internacionales.

Ciudad de México, 24 de febrero (MaremotoM).- Desde principios de 2004 me detectaron hipotiroidismo o tiroides hipoactiva. Fue el gran médico y escritor Arnoldo Kraus quien me diagnosticó después de que dos médicos internistas juraban por Hipócrates  que mi hígado estaba enfermo y que era cirrosis.

Mis síntomas: edema generalizado, color pálido amarillento-verdoso, dolor en todo el cuerpo, sangrado de encías, fatiga, caída del vello coorporal… Como la crisis médica de mi cuerpo sucedió justo después de una borrachera con el abuelo de mi hijo los maravillosos internistas dedujeron que, sin duda alguna, era mi hígado el que estaba hecho trizas por el exceso de consumo de alcohol. Pero pasaron dos meses y yo no mejoré y el hígado no me dolía más que el resto del cuerpo.

El precio de la pastilla
¡Necesito mi pastilla!. Foto: Cortesía

Cuando llegué al consultorio de Arnoldo Kraus en el hospital inglés lo que descartó inmediatamente fue la cirrosis. Me observó cuidadosamente y me hizo un par de preguntas y 5 minutos después me dio su veredicto con una arrogante sencillez de chamán: “tienes hipotiroidismo”. Y con sarcasmo y enojo se fue contra su gremio: “tantos años de estudio y no saben hacer clínica”. Me mandó hacer un perfil tiroideo y en una segunda consulta me medicó con levotiroxina sódica, de nombre Eutirox de los laboratorios alemanes Merck. Una vez cambié de marca del principio activo y debo decir que el resultado fue un desastre.

Y con sarcasmo y enojo se fue contra su gremio: “tantos años de estudio y no saben hacer clínica”.

Durante años tomé el medicamento de esa marca hasta que un día descubrí que los propios laboratorios Merck tenían su fabricación “genérica” de la Levotiroxina sódica. La compré porque andaba bien bruja y llegué a la conclusión (estoy seguro de ello empíricamente) de que era la misma pastilla que la compañía Merck vendía con el nombre de Eutirox porque los resultados de la sustancia fueron los mismos.

La diferencia era que los médicos te recetan la marca y cuesta cuatro o cinco veces más que el producto “genérico” de la misma marca que quedamos en que la pastilla es la misma. Eso sí consideramos el costo de la caja.

Al ver el contenido de la caja de “Eutirox” que cuesta de 424 a 475 pesos me di cuenta que tiene 50 pastillas la marca “Eutirox”  en su presentación de 100 microgramos mientras que la presentación “genérica” de la misma marca ( de Merck, es decir,  la misma pastilla) cuesta normalmente 98 pesos en una farmacia de barrio pero tiene 100 pastillas.

Es decir, en un truco mercadológico laboratorios Merck vende una pastilla de marca Eutirox a 9.8 pesos y la misma pastilla con los mismos resultados a 98 centavos… ¿Cuál es la diferencia entonces? Que la marca de patente es Eutirox y viene en una cajita mucho más bonita que la del producto “genérico”. Yo apuesto un ojo de la cara a qué es la misma pastilla porque yo la tomo todos los días. Pero eso no es todo…

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El día de hoy estoy en Texcoco en una feria de libro y fui a la farmacia Guadalajara para preguntar por la Levotixorina sódica genérica marca Merck y me dijeron que costaba 290 pesos en su presentación de 100 microgramos con 100 pastillas. O sea casi tres veces más que en una farmacia de barrio normal. Fui a la farmacia San Pablo y costaba 240 pesos. ¿Por qué

¿Por qué  carajos voy a pagar 3 veces más por un medicamento genérico solo porque la venden en una cadena farmacéutica nacional?. Entonces caminé hacia una farmacia de genéricos y no la tenían, había de otra marca en 100 pesos… ¡Una hora buscando mi medicamento! Me acordé de Burroughs cuando habla de la ecuación de la droga y la necesidad total. ¡Necesitaba mi droga! Pero no iba a pagar más del doble de su precio a esos cerdos empresarios farmacéuticos, aunque ya me sentía mal, pero me negué solo por un sentimiento mínimo de justicia.  Milagrosamente en un super local, de esos que tienen de todo y son de barrio, tenían una pequeña farmacia y pregunté por la Levotixorina sódica marca Merck. Me dijo que no tenía pero vi tras el mostrador la cajita blanca azulada y le dije:

-y esa caja ¿Cuánto cuesta?

Checó en la computadora y me respondió:

-55 pesos…

¡55 pesos! ¡Nunca la había encontrado tan barata! Es decir a 55 centavos cada pastilla. Inmediatamente desembolsé 55 pesos y me dio el producto deseado…

Pero, ¿Qué es lo que hace que una misma pastilla valga en una misma ciudad 9.8 pesos cada una o 55 centavos, o sea 20 veces más caro?

La farmacocracia en este país es tan brutal como la narcocracia, solo que la primera emerge en el territorio de la legalidad. Es legal cobrar 20 veces el valor de un producto de una farmacia a otra y encontrarla a precio justo es prácticamente imposible. Hay decenas, quizás centenas de dosis de este producto en un radio de un kilómetro. Los que no caen en la treta de la patente que les vende el laboratorio a 9.8 pesos junto a sus socios de las droguerías gigantes  tienen que pagarlas a 2.5 aproximadamente por capricho de las grandes distribuidoras de fármacos, cuando el producto en el mercado normalmente cuesta 98 centavos en un barrio popular e incluso, milagrosamente a 55 centavos como hoy sucedió en Texcoco. ¡Y solo había una caja del fármaco en un kilómetro a la redonda a ese precio!

Así es el juego de los dueños y de las grandes mafias de la industria farmacéutica. Apuesto a que el precio real de producción por pastilla es de menos de 10 centavos. Pura especulación, un ejercicio de poder que mata a quien no puede pagar el plusvalor de la sangre que exigen los vampiros internacionales.

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