Diego Olavarría

Etiopía, uno de los países más poblados del mundo y un lugar único: Diego Olavarría

Su vista es turbadora. Esta es la crónica sin concesiones de un viaje doble: hacia un país al filo de la Guerra Civil y hacia los orígenes de un viajero que partió un día de la Plaza Etiopía en México. Y en ese periplo de una periferia radica su honestidad.

Ciudad de México, 12 de abril (MaremotoM).- Somos fanáticos de este libro. Ahora con una reedición cuidada, una portada exquisita y próximo a ser promovido por las librerías y ferias del país, El paralelo etíope refleja nuestras mañas y vicios aun cuando esté hablando de Etiopía.

Como decía Ryszard Kapuściński en Ébano: “todos tenemos un vicio asentado en la pobreza. Sabemos que no va a cambiar y entonces cometemos nuestros pecados”.

“Cuna de un poderoso imperio en la antigüedad, Etiopía es uno de los países más singulares de África. El único que resistió al colonialismo; la Tierra Prometida de los rastafaris; fallida nación socialista; tierra de hambrunas, cruentas rebeliones y hoteles de lujo.”, cuenta la contraportada de este libro editado por Lince.

Diego Olavarría
Editó Lince, de MalPaso. Foto: Cortesía

Diego Olavarría, de quién ya habíamos leído Honduras o el canto del gallo (Turner) enfoca la mirada a quienes somos hoy como turistas en las grandes ciudades, en los países enigmáticos.

Su vista es turbadora. Esta es la crónica sin concesiones de un viaje doble: hacia un país al filo de la Guerra Civil y hacia los orígenes de un viajero que partió un día de la Plaza Etiopía en México. Y en ese periplo de una periferia radica su honestidad.

ENTREVISTA A DIEGO OLAVARRÍA (Escucha)

El paralelo etíope nace de un viaje que no tenía como destino original la escritura de un libro. Siempre que viajo es con el deseo de escribir. Decía un amigo que no hay viaje sin relato para el otro y siempre tuve el impulso de contar el viaje. Siempre tuve interés por el país, por Etiopía, siempre tenemos prejuicios relacionados con el hambre, con la pobreza, pero también es una nación con otras características que lo hacen un lugar único”, afirma Diego Olavarría en entrevista por Meet (que se cortó en algún momento), mientras anda en trenes europeos, probablemente para sorprendernos con otro libro.

Etiopía no es un lugar fácil para ir de turista. Uno no puede tomar la mochila y dirigirse a ese país, en el Cuerno de África, un lugar sin litoral, dividido por el Gran Valle del Rift.

Con la capital Adís Abeba, Etiopía mantiene hoy relaciones armónicas con países como China, Israel, México, Turquía e India: es decir, no forma parte de ese concepto frágil que todavía se sigue llamando Occidente.

Diego Olavarría
Etiopía no es un lugar fácil para ir de turista. Foto: Cortesía

“La experiencia de quien viaja a Etiopía está totalmente tensionada por una realidad que llega a ser muy dura. Las herramientas que tiene uno como alguien que observa desde otro lugar llega a ser como complicado y a veces también como insuficiente por lo diferente que es ese país”, afirma.

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“Etiopía es el país más poblado de África, después de Nigeria. Etiopía ya tiene 120 millones de habitantes, se aproxima a México. Dentro de 50 años será uno de los más poblados de la tierra. Ha hecho contribuciones a la música, a la gastronomía, es la cuna del café y al mismo tiempo es un interrogante para la mayoría de las personas. Si sales a las calles mexicanas te dirán que es una estación del Metro”, agrega.

El hambre es una de las cosas que marcan a Etiopía. “De niño en los 90 me acuerdo de ver anuncios en televisión que pedían alimentos para los chicos en Etiopía y esa idea marcó al país en un imaginario único. Sin embargo, Etiopía a nivel de comida tiene una gastronomía interesante, hay restaurantes etíopes en casi todos los lugares de Europa, con particularidades interesantes que no tienen como base ni el arroz, ni el trigo, ni el maíz, sino el teff (este grano, el más pequeño del mundo, es idóneo para celíacos, diabéticos y pacientes con carencia de calcio), un derivado del trigo, sin gluten, hacen un pan delicioso y muy desconocido por muchos. Todos estos elementos curiosos hablan también de un lugar desconocido, que hizo que me interesara”, afirma Olavarría.

Diego Olavarría
El paralelo etíope nace de un viaje que no tenía como destino original la escritura de un libro. Foto: Cortesía

En la película Yo amo a Shirley Valentine, de 1989, la mujer viaja a Grecia, olvidándose un poco del marido trabajador de Londres y llega a una isla donde encuentra a “una camarera que me entiende”, cuando le sirve una hamburguesa y dos huevos fritos, “la comida normal que ella consumía”. En esa escena está puesta la tensión que existe entre los lugares que conocemos en nuestros viajes y lo que son en realidad, antes de que los conociéramos. Es como ahora que los turistas de Mazatlán no quieren que toquen las bandas sinaloenses.

“En efecto, en el viaje que hice a Etiopía, me encontré que era imposible dejar de ser un turista a los ojos de los etíopes. El momento en que salía a la calle en Etiopía era el centro de atención. Ellos te dejan claro que eres un blanco. Lo que descubres en lugares así te encuentras con que hay turismo que sigue las mismas lógicas de la fotografía, del souvenir, la misma domesticación de la experiencia y de alguna manera su homogeneización. No sabes si vas a un pueblo o a una escenografía especial para los turistas. Al final el libro revela que hacer turismo en cualquier parte del mundo revela unas grandes tensiones”, afirma.

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