Hanif Kureishi

Hanif Kureishi: Cuando sea viejo, seré muy distinguido, sumergido en fama y éxito y rodeado de mujeres jóvenes

 

“Me gustan los tabloides. Los leo los

domingos, me gustan los chismes, los escándalos y

la trivialidad de esa información.

Me divierten mucho”

Ciudad de México, 21 de febrero (MaremotoM).- Dice Hanif Kureishi (Londres, 1954) que no ha habido dolor más grande en su vida que aquel otorgado (de a gratis y en porciones generosas) por los ingleses que sueñan con una Gran Bretaña blanca. La daga del racismo, para este autor descendiente de paquistaníes pegado como lapa al paisaje interno y externo de su ciudad natal, le clavó hondas heridas en su adolescencia. Si hay dolor en el odio esa es una pregunta que sólo puede resolver la literatura.

Este hombre que no permitió que el odio le doliera tanto como para aprender a odiar más que sus agresores, ha escrito unos cuantos buenos libros, unos formidables guiones para películas memorables y ha traspasado el dilema de la discriminación racial para adentrarse como pocos en el más sustancioso dilema de las relaciones humanas en el mundo contemporáneo.

En 1985, un joven y prácticamente desconocido Daniel Day Lewis conmovía con su cara de ángel, su peinado punk y su amor por el joven Nasser (Saeed Jaffrey), en una lavandería a la que deseaba convertir en un cabaret. El racismo británico en el periodo thatcherista fue retratado en forma magnífica por Kureishi, en este clásico del cine de los 80 (My beatiful laundrette) dirigido por Stephen Frears y que le valiera a Hanif una candidatura al Oscar en la categoría de mejor guión.

En Sammy and Rosie Get Laid (Stephen Frears, 1987), Kureishi retomaba el universo de los “paquis” (como se los llama despectivamente en Inglaterra a los descendientes de paquistaníes), pasando de la anécdota particular a la exaltación de la violencia y el caos de un Londres plagado de enfrentamientos entre los inmigrantes negros y la policía represora del gobierno de Margaret Thatcher.

“Soy inglés, aunque no me enorgullezco de ello”, decreta Karim Amir, alter ego del autor en la novela El buda de los suburbios (1990), crónica de Londres en los 70, pintado con el rock, el sexo y el racismo. Pero si muchos hasta entonces quisieron ver en el exitoso autor, integrante, junto a Julian Barnes o Ian McEwan, del llamado dream team británico publicado por Anagrama, un teórico sagaz de la problemática racial en Inglaterra, condenándolo a un tema único como territorio exclusivo de su literatura, no poca debe haber sido su decepción cuando Kureishi viró el rumbo de su temática para entregar, en el 2000, la demoledora Intimidad.

Aquella mujer que llega los viernes al despacho de un hombre con el que sólo mantiene sexo en el más completo de los anonimatos y que abandona la relación perfecta al involucrarse afectivamente con su partenaire sexual, no fue sólo una descarnada visión de las parejas en el siglo XX, sino también un quebradero de cabeza para el propio escritor, por cuya ex mujer fue acusado de develar detalles demasiado íntimos del drama de su divorcio.

Intimidad se volvió película en las manos del francés Patrice Chereaux y obra de teatro representada en muchos escenarios del mundo; marcó, además, a Kureishi como el gran autor del desasosiego y la ironía, capaz de ejercer un costumbrismo a lo Chejov (el gran objeto de su devoción) que pone bajo su lupa implacable la curiosa manera de relación que ejercitan los humanos contemporáneos.

Su estilo es sencillo y su discurso compasivo; no habla con crueldad de sus criaturas, muchas de las cuales funcionan como su alter ego. Por el contrario, los encuentros y desencuentros de los adultos en las sociedades modernas, son reflejados mediante una pluma casi aséptica, con esa pasión casi infantil de quien, al describir “objetivamente” el mundo, se libra de entender lo que el mundo tiene de inexplicable.

Como gran observador de los hombres y mujeres de su tiempo, este cincuentón que estudió en el mismo colegio londinense donde lo hiciera entonces su amigo David Bowie, cultiva una literatura de atmósferas, territorios inmóviles donde un leve gesto puede producir una hecatombe.

La pareja que discute por la manera en que trasladarán a su hogar las sillas azules que acaban de comprar en el supermercado (Siempre es medianoche) o la indiferencia de Adam, un escritor sexagenario que en una fiesta recibirá la oferta de morar en un cuerpo más joven (El cuerpo), recrean (y muchas veces redimen) los mitos existenciales donde una sociedad condenada a vivir más años que sus predecesoras, busca un sentido que aliviane su permanencia en el mundo.

Y en ese desglose de los diálogos y maneras que dan sustancia a la comunicación de los humanos en los tiempos actuales, encuentra Kureishi su virtud: su literatura deviene global toda vez que atraviesa el corsé de las culturas regionales para narrar un drama universal que se resuelve, como en todos los tiempos, mediante el dilema del amor y el desamor.

Desde Londres, la ciudad que ha llegado a amar desde la extrañeza de saberse primero afuera del mundo y a la que ha hecho su única patria, Hanif Kureishi habla. Con dos libros recientes en el mercado, El cuerpo (una vuelta de tuerca tecnologizada y escalofriantemente posible en la era de la clonación al mito de Dorian Gray) y Soñar y contar, un ajuste autobiográfico con la frustrada vocación de escritor de su padre, Kureishi hace gala de un tierno orgullo por su exótico nombre de pila y revela a un escritor afable como pocos.

– ¿Qué haría usted si ya no publicasen más sus libros?

– Me retiraría y me quedaría en casa con mis hijos.

– ¿Seguiría escribiendo como hacía su padre?

– Lo dudo, porque si mis libros no son publicados no tendría sentido.

– ¿El editor es un enemigo a conquistar?

– No, el trabajo que ellos hacen es muy útil. Los editores con los que yo trabajo me han ayudado mucho, cortando material, dándole forma y con ellos discuto mi trabajo.

– ¿Entre sus amistades más cercanas se encuentra un editor?

– Sí, mi editor, Walter Donohue, es un muy buen amigo mío y nos conocemos desde hace mucho tiempo.

– ¿Nunca cayó en la tentación de convertirse en un editor?

– No, no lo necesito. Soy un escritor, ¿por qué querría publicar los libros de otras personas?

– ¿Conoce a algún escritor que valga la pena ser editado?

– Conozco a muchos escritores, algunos muy buenos y no todos consiguen ser editados. Mucho del tema editorial tiene que ver con el dinero y hay escritores buenos que no venden, entonces no vuelven a ser publicados.

– ¿Regatea mucho sus regalías?

– No, tengo un agente que hace todas las negociaciones que yo no haría.

– ¿Ha ganado dinero con la literatura?

– Sí, vivo de mi trabajo.

– ¿En qué cosas gasta su dinero?

– Más que nada en mis hijos. Tener hijos es muy caro.

– ¿Tiene algún otro hobby caro?

– No, no tengo. Me gustaría tenerlo. Pesqué durante mucho tiempo y eso era bastante caro, pero ya no puedo hacerlo.

– ¿Le gustan, por ejemplo, los autos deportivos, la ropa de moda, los restaurantes lujosos?

– Me gusta comer en restaurantes. No tengo auto, es imposible tener uno en Londres porque no lo puedes estacionar en ninguna parte. Nunca me ha importado demasiado la ropa, pero me gusta comer. Más que nada me gusta comer en restaurantes indios y son bastante baratos.

– ¿Cuál es el regalo más caro que ha hecho?

– Creo que una casa a mi ex esposa.

– ¿Y que le han hecho?

– Es una buena pregunta. No lo sé. Un amigo usa ropa de diseñador y me regaló algunas prendas, así que me imagino que eso costó muy caro.

Restaurante The Ivy
Restaurante The Ivy. Foto: Cortesía

– ¿Dónde comió la comida más rica de su vida?

– Me gusta mucho un restaurante en Londres que se llama The Ivy, que es famoso y muy bueno.

– ¿Cuál es su platillo favorito?

– Las tostadas con queso.

– ¿Sabe cocinar?

– No, para nada, pero me encanta comer.

– ¿Recuerda una borrachera que preferiría olvidar?

– Son muchas las borracheras que preferiría olvidar.

– ¿Whisky, vino o agua mineral?

– Realmente ya no tomo whisky, porque me da dolor de cabeza en la mañana. Más que nada tomo vino, aunque ahora estoy tomando cerveza. Y a veces tomo vodka, también.

– ¿Martin Amis, Saul Bellow o Salman Rushdie?

– Siempre he admirado la obra de Bellow, es un muy buen escritor, que fue muy influyente en mi generación. Así que sería Bellow.

– ¿Piensa como Amis que Nabokov es Dios?

– No, no realmente. Me gustan sus libros, los leo, pero no diría que es un autor que me haya fascinado. Tengo otro gusto en escritores. Soy un gran fanático de Marcel Proust, Sigmund Freud, Fiodor Dostoievsky, Anton Chejov, Honore de Balzac, Henry Stendhal y varios otros. También hay muchos otros escritores ingleses que admiro, como Charles Dickens y Graham Greene.

– Usted dudó muchas veces de su identidad inglesa, ¿verdad?

– Si tu familia viene de otro país, te preguntas dónde estás sentado y en qué tipo de país vives, pero ahora Londres es una ciudad tan cosmopolita. Camino por las calles y veo personas de 20 nacionalidades diferentes. Siento que ha habido un cambio en los últimos diez años.

– ¿Siguen dudando de su condición de escritor inglés quienes no admiten las inmigraciones de otros países?

– Siempre va a haber gente que quiera que Inglaterra sea una nación blanca, pero nunca ha sido así. Vivimos en un mundo que se mueve, con personas que van y vienen, de Estados Unidos, Europa del Este, África. Eso es un hecho de la vida que se acentúa aquí por ser Inglaterra un país imperialista.

– Que es una manera de preguntar, ¿los racistas ingleses siguen viéndolo como un extranjero?

– No, creo que ya no, creo que la gente se acostumbró al cambio que se ha dado, que Inglaterra sea un lugar mezclado. Y, además, muchos de los escritores no tenemos origen británico: Kazuo Ishiguro, Salman Rushdie, y varios, así que ya están acostumbrados.

– ¿Qué es la patria para usted?

– Creo que es donde vivo, Londres. He vivido toda mi vida acá, amo mi ciudad, me siento parte de Londres, mis hijos viven acá, mis amigos, mis casas editoriales, así que creo que esto es lo que considero mi hogar.

– ¿Se inspiró en Experiencia, la famosa autobiografía de Amis, para escribir Soñar y contar?

– No, no he leído ese libro de Martin.

– ¿Qué pasa en Inglaterra que muchos autores jóvenes se sienten compelidos a escribir sus autobiografías?

– La gente escribe ese tipo de cosas porque quiere entender quién es, las personas quieren pensar en su origen, en las relaciones con su familia, con su historia. Y en mi caso, con la inmigración. Es importante investigar tu lugar en la historia de tu familia y en tu tiempo, ubicarte, ver dónde entras en la conversación.

– ¿Cómo es vivir en un país donde es nota de la prensa amarilla (o rosa) el cambio de dientes de un escritor famoso?

– Me gustan los tabloides. Los leo los domingos, me gustan los chismes, los escándalos y la trivialidad de esa información. Me divierten mucho.

– Desde que descubrió que usted era londinense más que inglés, ¿comenzó a ver más bella su ciudad?

– Siempre me ha gustado Londres. Crecí en los suburbios y venía a Londres más que nada con mi padre los sábados, a visitar a mi tío, a las librerías y restaurantes. Así que siempre vi Londres como un lugar muy atrayente y activo. Además, es mi referente de gran ciudad cuando viajo a otros países.

– ¿Cómo es su casa?

– Muy agradable. Hoy el día está soleado, estoy sentado en mi jardín. Tengo mi estudio, mi televisión, es un lugar muy cómodo.

– ¿Tiene un estudio confortable o escribe tirado en la cama?

– Tengo un estudio. A veces escribo en mi cama, pero tengo un estudio con muchos libros, mi computadora, teléfono, plumas. Así que tengo un buen lugar para escribir.

Hanif Kureishi
Hanif Kureishi, cuando era joven. Foto: Cortesía

– ¿Escribe en la mañana o en la tarde?

– Escribo en las mañanas, en general. En las tardes voy al supermercado, recojo a mis hijos en el colegio. Escribo a diario, soy muy constante.

– ¿Cuántas horas al día?

– Dos o tres horas al día, a veces un poco más. Escribir es un proceso más largo que sentarse a hacerlo y realmente siempre estoy pensando en mi trabajo.

– ¿Tiene poemas guardados en los cajones que jamás se animará a publicar?

– Escribo poemas con mi hijo de seis años. Tenemos una pizarra llena de palabras que usamos para hacer poemas. Y ciertamente no estoy pensando en publicarlos. Es bueno para él, para que aprenda nuevas palabras y me encanta hacer poemas con él. Mi esposa dice que yo lo disfruto más que mi niño.

– ¿Murió la poesía, venció la novela o se acabaron los géneros literarios?

– Todos son tan distintos entre sí. Hay literatura, música, poesía, diferentes formas de arte en el mundo, diferentes formas de expresión.

– ¿Le da importancia a los cánones literarios?

– Creo que a veces funciona tener una estructura, una especie de educación literaria, pero para mí hay muchas cosas interesantes que están fuera de los cánones, cosas muy estimulantes y que disfrutas. A veces un libro es muy bueno que me sirve mucho y no está considerado en los cánones.

– ¿Cómo ve al canon de Harold Bloom?

– Creo que está bien, pero es muy limitado. Dejó muchos libros interesantes afuera. Es como si sólo te gustara la selección de futbol de 1994, claro, era un muy buen equipo, pero también hay otras maneras de disfrutar el futbol.

– ¿Hay libros de lectura imprescindible?

– Hay algunos libros que considero los puntos más altos que ha alcanzado la literatura. Se los recomendaría a otras personas, pero lo mejor es que cada persona lea, que entre en una biblioteca o librería a dar vueltas y a encontrar lo que le apasiona.

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– ¿Cuáles son esos libros a los que se refiere?

– Los grandes clásicos como William Shakespeare, Geoffrey Chaucer, Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, grandes escritores, poetas y filósofos que no se deben dejar de leer, que son parte fundamental de la cultura.

– ¿Hay autores considerados imprescindibles de cuyos libros usted no pudo pasar de la primera página?

– (risas) Hay un libro muy exitoso ahora, con excelentes críticas, de una escritora muy famosa, no le puedo decir quién, pero no pude pasar a la página 2.

Hanif Kureishi
Buda de los suburbios. Foto: Cortesía

– ¿Lee mucho o escribe más?

– Ya no leo tanto. Leía mucho cuando niño, ahora no tengo tanto tiempo. Y, además, cuando escribes dedicas la mayor parte del tiempo a eso, pero leo cuando voy en el tren o en un café.

– Si pudiera meterse en el cuerpo de una persona más joven, ¿lo haría en el de Daniel Day Lewis?

– (risas) ¿Qué? Daniel no es mucho más joven que yo. Y quién sabe, quizás él querría estar en mi cuerpo.

– ¿Cómo nació la idea de El cuerpo?

– Estaba pensando en Dorian Gray, el libro de Oscar Wilde, Frankestein y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, ese tipo de tradición en la escritura británica, mientras veía mucha televisión basura. Estoy muy interesado en la cirugía plástica y poder cambiar el cuerpo y lo que pasa con la mente.

– ¿Qué ha hecho Daniel Day Lewis para merecer un padre escritor, un suegro escritor, una esposa escritora, para protagonizar una película como Mi bella lavandería, que lo hizo famoso, escrita por un escritor y no un guionista?

– Dan viene de un contexto muy literario, creció rodeado de escritores, así que es muy obvio que se mantenga vinculado a él. Y le gustan los libros, le gusta escribir y es un hombre muy inteligente.

– ¿Usted nunca quiso ser actor?

– No, me daría mucho miedo ser actor. Es un trabajo muy difícil. Preferiría estar siempre detrás del escenario. Los actores son personas muy observadas y yo no me siento cómodo con eso.

– ¿Sigue siendo amigo de Stephen Frears?

– Desayuné con él esta mañana.

– ¿Tiene algún proyecto para hacer con él?

– Siempre estamos hablando de cosas que vamos a hacer juntos, pero nunca funcionan. Nunca le gustan mis guiones. Además, él tiene muchísimos proyectos en los que está trabajando, siempre está ocupado, así que dudo que volvamos a trabajar juntos.

– ¿Fue pensada su profesión de guionista de cine o sólo lo hizo para pagar la renta?

– Quería escribir guiones. A veces escribo también canciones; en realidad trato de encontrar la mejor forma de contar una historia. Y trabajar con los directores con quienes lo he hecho ha sido muy bueno. En general, me considero un contador de historias, entonces escribo lo mismo novela, cuento que guión.

– ¿Cuál de todas las películas basadas en sus libros le gustó más?

– Lo que me gusta es la diferencia entre ellas. Son de directores diferentes y es la variedad lo que disfruto.

– ¿Cómo le gusta ser reconocido: como autor teatral, como guionista de cine o como escritor a secas?

– Sólo como un escritor, eso está bien conmigo.

Hanif Kureishi
Siempre es medianoche. Foto: Cortesía

– ¿Le gusta llamarse Hanif?

– Sí, me gusta mucho, es un buen nombre, me queda bien. Siento que es el nombre correcto para mí.

– ¿Hanif es un nombre muy común en Pakistán?

– Bastante común, pero no tanto.

– ¿Qué otras cosas son comunes a usted en Pakistán?

– No creo que tener mucho en común con Pakistán, no me gusta Pakistán, no me gustan los países religiosos, creo que son lugares muy malos para vivir.

– ¿Ha tenido alguna amante cuyas orejas no le gustaran?

– No. Y hay otras partes del cuerpo en las que me fijo más.

– ¿Como cuáles?

– El alma.

– ¿Ha tenido mucho amor en su vida?

– Sí, he sido muy amado, por mis padres, por mis hijos, por muchos amigos. He sido muy afortunado y muy feliz y parece que le agrado a mucha gente y eso me gusta.

– ¿Ha amado mucho o ha sido muy amado?

– Los dos. Hay mucha gente que me gusta ver, con los que me gusta juntarme y soy muy afortunado por la cantidad de personas a las que parece que le caigo bien.

– Si periodismo y literatura se oponen mutuamente, ¿qué opina de los periodistas culturales?

– Creo que periodismo y literatura son dos cosas diferentes. Es diferente escribir una novela que un texto para un diario. Un texto para un diario debe ser escrito para ser leído como algo rápido e interesante, en cambio una novela está pensada para ser una exploración más profunda de la conciencia humana. Los periodistas literarios son muy importantes, porque distribuyen información acerca de los escritores, de su trabajo. Si leo una buena reseña de un libro en el diario casi siempre pienso que me gustaría leerlo, así que hacen un trabajo importante para el escritor. Tiene que haber buenos editores, buenos críticos y buenos lectores para que la literatura funcione.

– En su último libro, Lenguaje y silencio, George Steiner se refiere a la función del crítico y dice que existe la necesidad de reformular esa profesión en esta era, que él llama “la era del fin de la palabra”, ¿qué opina?

– No creo que sea el final de la palabra, creo que la gente puede usar el lenguaje de manera muy creativa, que el lenguaje está cambiando y está vivo. Cuando veo a mis hijos, la manera en que hablan, la manera de hablar en la calle y cosas así, hacen que el lenguaje esté muy lejos de dejar de cambiar y, por lo tanto, estar vivo.

– ¿Cómo son estos tiempos?

– Estos son tiempos que están cambiando, más que nada a causa del fin de la Guerra Fría, de la caída del comunismo y la amenaza que significa el fundamentalismo, estamos en una época diferente ahora, en la que tenemos que replantearnos lo que significa vivir en un mundo como el mundo que tenemos ahora.

– ¿Lee las críticas que le hacen a sus libros?

– Sólo si son muy buenas, si no lo son tanto, no. Hago que otras personas las lean antes y que me digan si son buenas o malas.

– ¿Alguna vez intentó imitar a escritores que le gustaban?

– Sí, muchas veces traté. Cuando era joven leía a algún autor que me gustaba mucho y me decía que quería escribir algo así. Creo que es importante crecer a través de la identificación.

– Escribir es autocurarse y a la vez perturbarse, ¿qué ha habido más en su balance literario?

– Es cierto que escribir es muy perturbador, es bastante estresante, es bastante difícil decidir qué vas a decir y entonces cómo decirlo de la manera más hermosa, llegar a algo que te deje satisfecho. Y, además, para mí involucra una especie de agitación muy fuerte.

– ¿Podría decirse que ya está totalmente curado gracias a la escritura?

– No, de ninguna manera, creo, además, que es bueno también tener algo de locura, así que estar completamente sano no tiene mucho sentido para mí.

– ¿Le gustan las historias que escribió su padre?

– Sí, me gustaba leer sus novelas, las disfruto mucho y son muy iluminadoras, me enseñaron mucho sobre mi familia y mi historia.

– ¿Diría que su padre fue un buen escritor que no tuvo suerte?

– No era tan buen escritor, era interesante en mi opinión. No digo que sus libros no deberían haber sido publicados o que no los debería haber escrito; para mí eran interesantes cuando estudiaba filosofía porque me mostraban una forma de pensamiento.

– ¿Ser escritor lo hizo mejor persona?

– Creo que ser un escritor te da muchas oportunidades de viajar, de conocer gente y de vivir una vida libre. Y yo no he vivido una vida de desilusiones y frustraciones, he tenido bastante suerte. Más que nada creo que ser escritor me permitió hacer lo que quise y creo que eso me convirtió en un mejor ser humano.

– ¿En qué cosas no admite perder?

– Soy un muy mal perdedor, no me gusta perder en el futbol. Juego futbol los domingos con mis hijos y odio perder.

– ¿En qué cosas se considera imbatible?

– Bueno, puedo derrotar a mis hijos en cualquier momento. Me gusta hacer eso, destrozarlos, pero no soy imbatible en nada.

– ¿Qué jugadores de futbol le gustan?

– Cristiano Ronaldo, Zinedine Zidane y Ruud Van Nistelroy.

– Entonces es adicto a la Premier League y es fan del Manchester United.

– Así es.

– ¿Y fuera de Inglaterra?

– El Real Madrid, por supuesto.

– ¿Alguna vez se sorprendió deseando no llegar a viejo?

– Nunca me ha molestado envejecer, está bien. Me han gustado todas mis edades, los 20, los 30, los 40. Soy feliz viviendo mi vida en el momento.

– ¿Cómo imagina su vejez?

– Muy, muy distinguido, sumergido en fama y éxito y rodeado de mujeres jóvenes.

– ¿A qué le tiene más miedo: al deterioro físico o al casamiento?

– Nunca he estado casado, así que no sé cómo es eso. Quizás me gustaría saberlo antes de morir. Ciertamente no me gustaría deteriorarme, la vanidad es bastante horrible. Mi padre estuvo enfermo la mayor parte de mi infancia y de mi juventud, por lo tanto entiendo lo que significa el deterioro para una persona.

– ¿Le gusta su cuerpo o estaría bien en otra parte?

– Estoy acostumbrado a mi cuerpo, no me molesta. Pero no me molestaría ser un poco más alto o un poco más musculoso. No me quejaría.

– Ah, pero si es el autor de Intimidad, dirían aquellos a quienes su nombre no les suena, ¿se da cuenta del éxito internacional que han alcanzado sus obras?

– No, no realmente, no es algo que entienda. No entiendo cómo esto tiene sentido porque más que nada estoy aquí, sentado en mi casa escribiendo. Tener o no éxito internacional no cambia nada, no ha hecho mi vida mejor. Sigo luchando con mi trabajo tratando de escribir, pero creo que me ayuda pensar en que a la gente le gustan mis libros, eso creo que me da un poco más de confianza.

– ¿No le da escalofríos pensar en algún libro suyo traducido al japonés?

– Sí, recién estuve en Japón y tuve dos groupies japonesas también. Fue muy emocionante. Aunque no escribo para alguien en especial.

– ¿Cuándo supo que era un autor famoso?

– Cuando Mi hermosa lavandería tuvo éxito en Estados Unidos y yo fui candidato al Oscar como guionista. Lo que es extraño es escribir para gente asiática que no sabe de la gente pakistaní sobre la que escribo. Parte de lo que me interesa es llegar a gente que no sea sólo de Londres, personas de afuera de la ciudad, fuera de mi país. Es motivador que otras personas se interesen en lo que escribo.

– ¿Por dónde habría que empezar a leer a Hanif Kureishi?

– Probablemente sugeriría leer El Buda de los suburbios y Mi hermosa lavandería y tendrían una idea de lo que intento hacer. Y de ahí leer todo lo demás.

– ¿Cuál es su mejor libro?

– En lo que a mí respecta, son todos bastante buenos. Todos valen la pena ser leídos, no me gustaría elegir a uno. Así como tampoco me gustaría decir que uno de mis hijos es mi favorito.

– ¿Qué es el éxito para usted?

– Me gustaría que fuera más, que tuviera más sabor. Me imagino que soy exitoso porque vivo de lo que hago y eso es bastante difícil. No tengo que buscar un trabajo, para mantener a mis hijos no tengo que ir a la oficina como lo tuvo que hacer mi padre. Así que eso es éxito.

– – ¿Cómo le gustaría morir?

– Con mis hijos a mi alrededor, eso es lo más importante. Poder dejarme ir y estar ahí.

– ¿Cuál ha sido el dolor más grande de su vida?

– Creo que tiene que ver con las experiencias que he vivido con el racismo, algo que realmente me molesta, y cuando joven me sentí muy herido y muy aislado. Sufría de mucho racismo por mi ascendencia extranjera y me enfurecía.

– ¿Experimentó la felicidad absoluta?

– Muy raramente. No creo que la felicidad absoluta sea un estado que me gustaría alcanzar permanentemente, no quiero ser completamente feliz, quiero vivir en un mundo con los conflictos y los problemas que involucra. Creo que el dolor es parte de vivir.

– ¿Qué cosas deseó y nunca obtuvo?

– Quería ser rico, siempre pensé que iba a ser muy rico cuando fuera adulto, que iba a vivir en un palacio, te tener muchas casas y resultó ser que no soy muy rico. – ¿Todo ha valido la pena? – Sí, después de todo sí. He vivido una vida satisfactoria, he hecho a gente feliz, y he conseguido cosas que valoro. – ¿Qué está leyendo ahora? – Ahora estoy leyendo un libro de Philip Roth, llamado The Human Stain, que es un trabajo maravilloso de ficción y lo estoy disfrutando mucho.

– ¿Qué música está escuchando?

– Ahora estoy escuchando al grupo australiano Necks. Escucho también mucha música clásica, mucho jazz, mucha música electrónica. Me gusta de todo, en realidad.

– Mencione tres cosas por las que debería ir al Cielo.

– Porque lo pasaría bien ahí, porque me encontraría con muchos de mis amigos y porque podría conocer chicas lindas.

– ¿Qué está escribiendo en estos momentos?

– Estoy comenzando una novela nueva, algo que quería escribir hace mucho. Tengo mucho material.

– ¿Y de qué se trata?

– Todavía no sé, recién comencé, estoy tratando de descubrir de qué se trata, cuando sepa se lo diré. La comencé con muchas ideas, sobre todo de personajes, hermosos personajes sobre los que quería escribir y también quería escribir sobre Londres.

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