Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat de memoria: Gachupines en Guadalajara

Acaba de ser anunciado el nombramiento de Joan Manuel Serrat como ganador del Premio Princesa de Asturias 2024 en la categoría de Artes. Muy merecido, a mi parecer, tanto por su larga trayectoria de más de 50 años como por su gigantesca colección de canciones memorables escritas a veces en castellano, a veces en catalán, así como por la musicalización y divulgación de poemas de autores entrañables como Machado, Miguel Hernández y otros. El pretexto me sirve para compartir un viejo texto que apareció en mi libro De Memoria, donde recuerdo mis primeros contactos con dos compositores españoles: el propio catalán y el asturiano Victor Manuel.

Ciudad de México, 25 de abril (MaremotoM).- En la segunda mitad de los sesenta, unos primos míos fueron a España. Llegaron al norte, a Asturias, de donde eran su padre y nuestro abuelo. Regresaron hablando maravillas de un joven compositor que era muy apreciado por esos rumbos. Se llamaba Víctor Manuel y traían algún disco suyo que era muy popular en aquella región. Yo los escuchaba con cierto escepticismo. Suponía que su entusiasmo se debía a asuntos un tanto chauvinistas que no me llamaban mucho la atención. No volví a saber del tal Victor Manuel sino hasta varios años después, cuando se popularizó una canción suya llamada Quiero Abrazarte Tanto cuya letra siempre me ha parecido un tanto rara (y más cantada por Marco Antonio Muñiz).

Estaba en la preparatoria cuando un compañero me invitó la entrada a un concierto que tendría lugar en el Teatro del IMSS. Se presentaba aquel mismo Víctor Manuel, a quien muy pocos conocían en la ciudad. Aunque yo en realidad lo había escuchado poco, pensé que sería un buen pretexto para ajustar cuentas con mis antecedentes asturianos.

La primera sorpresa que me llevé fue que el teatro estaba casi vacío, acaso seríamos unas veinte personas. El artista salió visiblemente contrariado por la escasa audiencia y sólo hasta el final se animó a decir: si les gustó hablen de mí, a ver si la próxima vez llenamos esto.

Por supuesto que eran tiempos muy anteriores a “La Puerta de Alcalá”, su gran éxito en la década de los ochenta. La segunda sorpresa fue lo bueno que resultó el concierto, con un compositor honesto y emotivo que cantaba de asuntos políticos y sociales sin tapujos acompañado de un grupo musical pequeño pero solvente. Cantaba cosas que no era común escuchar para un preparatoriano como yo.

Joan Manuel Serrat
El cantor de nuestras vidas. Foto: Cortesía Facebook

Siempre he pensado que esa fue la mejor época de Víctor Manuel, aunque su cuenta de banco seguramente dirá lo contrario. No creo que los veinte que asistimos en aquella ocasión hayamos influido con nuestro entusiasmo para que años después se presentara en teatros enormes, ahora sí llenos, pero es un hecho que su fama y popularidad crecieron desde entonces. Victor Manuel, junto con su esposa, la cantante y también actriz Ana Belén, se convirtieron en productos de exportación española más que rentables.

Otro caso, aunque un tanto distinto, fue para mí el de Serrat: A finales de los sesenta hizo su primera gira por América Latina. Poco tiempo antes había ocurrido el episodio del Festival de Eurovisión, cuando un jovencísimo Joan Manuel Serrat se había negado a cantar en castellano, y decidió hacerlo en catalán. El franquismo de entonces no podía permitir tal desacato, por lo que el joven cantante fue descalificado, aunque con tal escándalo internacional que le redituó en popularidad: era el joven artista que enfrentaba al terrible régimen tan sólo con sus propias convicciones.

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Mi tía Doris nos invitó a mis hermanos y a mí a ver a Serrat, de quien tanto se hablaba, en el Teatro del Ferrocarrilero en el Distrito Federal, donde vivíamos entonces. La verdad fui a regañadientes pues en esa época no había para mi otra música que no fuera el rock. No recuerdo gran cosa del concierto pero sí que compramos un disco a la salida: aquel de homenaje a Antonio Machado que gracias a mi hermana Gabriela se volvió de escucha imprescindible en la casa a partir de entonces. Desde aquel tiempo me acompañan esas canciones como parte de mi banda sonora adolescente extendida a los primeros años de la juventud con discos como el de Miguel HernándezMediterráneoPara Piel de manzana y esa joya llamada 1978.

A principios de los ochenta, ya en Guadalajara, tuve la suerte de entrevistarlo brevemente en su camerino del Teatro Degollado en los minutos previos al concierto de presentación de su disco En Tránsito. Nervioso por encontrarme frente al artista admirado que se había convertido en una gran influencia para mí, le pregunté, entre otras cosas, cómo era posible que sin éxitos en la radio ni apariciones frecuentes en televisión siguiera manteniendo un público fiel y creciente. No tuvo realmente respuesta. Me dijo que él hacía aquello en lo que creía sin preocuparse demasiado por el resto. Que algunas canciones suyas habían sido éxito por razones misteriosas para él. Que nunca sabía cuándo una canción trascendería y que siempre era una sorpresa encontrarse con ese hecho cuando ocurría. Hablaba con cierto desdén de los medios comerciales y decía, con auténtica convicción, que no le preocupaba que lo tocaran en la radio o que le hicieran programas de televisión. Que prefería, en todo caso, el “boca en boca”. La entrevista fue breve, un tanto atropellada por culpa de mi novatez pero aleccionadora para un aspirante a músico y periodista como lo era yo.

Víctor Manuel y Ana Belén
Víctor Manuel y Ana Belén, de jóvenes. Foto: Cortesía

Confieso que, a diferencia de otros que nunca lo han perdido, mi fervor serratiano disminuyó con los años, seguramente por culpa mía; ya no le seguí la pista a muchas de sus grabaciones y tampoco acudí con asiduidad a sus actuaciones en vivo en Guadalajara, las cuales se llevaban a cabo de manera más o menos frecuente en el mismo Teatro Degollado gracias al empresario Juan José Valencia. Sin embargo sigo reconociendo en él a un formidable letrista y muy lúcido compositor de canciones que me introdujo, como a muchos otros, en la poesía de Machado y Miguel Hernández.

¡Felicidades a Serrat por este reconocimiento! , el mismo que hace algunos años ganó , aunque en la categoría de “Letras”, Leonard Cohen, a quien aquí Serrat interpreta con una versión en catalán de la famosa y entrañable “Suzzane”:

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