Mi literatura tiene que ver con la sutileza, dice Mónica Lavín

El dictamen de Sinaloa especifica que “la literatura de Mónica Lavín es ya un referente de la narrativa mexicana contemporánea, tanto en nuestro país como a nivel internacional; se ha destacado fundamentalmente, como cuentista, siendo también autora reconocida en el género de novela”.

Ciudad de México, 6 de diciembre (MaremotoM).- Ayer, 5 de diciembre, la escritora Mónica Lavín recibió el Premio Nacional Letras de Sinaloa 2023, en el marco de la Feria del Libro de Los Mochis. Fue compartido con el poeta mochiteco Mario Bojórquez.

De acuerdo con el acta del jurado, integrado por Cristina Rascón, Rogelio Guedea y Sandra Lorenzano, la decisión de otorgar el galardón en forma compartida por primera vez, fue tomada por unanimidad.

El dictamen especifica que “la literatura de Mónica Lavín es ya un referente de la narrativa mexicana contemporánea, tanto en nuestro país como a nivel internacional; se ha destacado fundamentalmente, como cuentista, siendo también autora reconocida en el género de novela”.

Dicho galardón, convocado por el Gobierno de Sinaloa a través del Instituto Sinaloense de Cultura desde 2009, está dotado de 100 mil pesos, que serán repartido entre ambos ganadores.

Mónica Lavín
Relanzamiento de su primera novela, Tonada de un viejo amor. Foto: Cortesía

Hasta la fecha el Premio Letras de Sinaloa lo han recibido Vicente Leñero (2009), Emmanuel Carballo (2010), Federico Campbell (2011), Miguel León-Portilla (2012), Marco Antonio Campos (2013), Jaime Labastida (2014), Hugo Hiriart (2015), Felipe Garrido (2016), Coral Bracho (2017), Elena Poniatowska (2018), Élmer Mendoza (2019), José Luis Rivas (2020), Francisco Hinojosa (2021) y Eduardo Langagne (2022).

Entrevistamos a la autora Mónica Lavín, una semana antes de que empezara la Feria Internacional del Libro en Guadalajara (donde también tuvo notable presencia) y mucho antes de que recibiera el merecido galardón.

ENTREVISTA EN VIDEO A MÓNICA LAVÍN

Mónica estaba muy emocionada cuando hicimos la entrevista, que fue en realidad una charla entre amigas y al mismo tiempo una refrenda del gran compromiso con la literatura que tiene Lavín.

“Lo que sentí es esa sensación de abrazo, que he seguido escribiendo cuentos, pero también formando a gente, para tratar de hacer literatura con la pasión como la que tengo”, dice Mónica.

Mónica Lavin
Siento como un reconocimiento al camino andado. Foto: FIL/Paula Vázquez.

“Siento como un reconocimiento al camino andado. Nunca le voy a parar, hasta que la vida diga basta”, agrega.

Mónica Lavín pertenece a esa generación un poco olvidada por los medios, desde Rosa Beltrán hasta Ana Clavel, casi todas nacidas en los ’60, no tienen la edad para ser rescatadas por Vindictas, pero tampoco una vista fresca que las haga parte de las nuevas generaciones.

“Ahí también están Eduardo Antonio Parra, Myriam Moscona, siento que mi generación y la anterior, están desatendidas. Como invisibilizadas, nuestras peleas de identidad fueron otras y quizás no con un empeño muy claro de ser mujer, sino de ser escritora”, afirma.

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“Teníamos que demostrar que éramos iguales a ellas, sin destacar que éramos mujeres. Cuando mandé el manuscrito al concurso Gilberto Owen, usé un seudónimo de una canción de los Rolling, “JJ Flash”. Ahora que volvemos a retomar la idea del hombre y de la mujer en la literatura, veo que el premio se lo dan a dos autores”, indica.

“A tres mujeres se los han dado a tres, incluida yo. Sinaloa abrió el Inés Arredondo, que este año se lo ganó Carmen Boullosa, así que ahora hay una nueva oportunidad. Yo, como empecé escribiendo cuentos y me gusta tanto el género, pensé que siempre iba a ser cuentista. Siento que el cuento es literario, no es una anécdota, una historia, hay algo más en el género. En la novela puede haber de todo, me interesa la vida cotidiana, me gusta explorar atmósferas, los espacios siempre me importan. Los temas son de amor y desamor, la amistad, la extrañeza dentro de la normalidad, la soledad”, afirma.

“Mis personajes, lo dijo Ignacio Trejo, son muy solitarios. Siempre están buscando su lugar, la nostalgia, el paso del tiempo, mi literatura tiene que ver más con la sutileza, no estoy metida en problemas como la violencia. Las realidades íntimas también tienen su carga de violencia”, explica.

Mónica Lavin
Durante la presentación de Tonada de viejo amor en la FIL Guadalajara. Foto: FIL/Paula Vázquez.

No es una novela de corte histórico y siente que “ando metiendo las narices en muchos lados”.

Con la novela dedicada a sus progenitores, Últimos días de mis padres (Planeta), Mónica abrió una puerta inesperada. “Me enseñó ese libro a componer una mixtura con los próximos. Tengo preguntas de estos pedazos de siglo que he vivido y tengo que contestarlas”, dice, mientras tanto, ha reeditado la novela Tonada de un viejo amor (Planeta).

“En San Lorenzo, un pueblo vinicultor al norte de México, la vida de sus habitantes se ve sometida a las reglas, las habladurías y las creencias de una burguesía en decadencia, aferrada a un pasado glorioso que fue borrado por la Revolución. En el seno de este entorno, la joven Cristina Velasco, hija de una de las familias oligarcas, se rebela contra el destino gris que tiene por delante y experimenta con libertad y plenitud su sexualidad, viviendo dos relaciones muy distintas, pero igual de pasionales: la primera con su tío, Carlos Velasco, la segunda con un saxofonista estadounidense llamado Doug. Sin embargo, seguir sus anhelos le traerá el escarnio social y el castigo de su familia”, dice la sinopsis.

“Me llevé de Random toda mi obra a Planeta. Y ellos decidieron relanzarla y yo me dejé”, afirma.

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