José Luis Trueba

Porfirio Díaz, retratado cuando está en París y su mundo se viene abajo: José Luis Trueba

“Convertir a don Porfirio en un héroe inmaculado, es muy delicado. Las cosas de él no funcionan hoy”, afirma, al tiempo que reconoce que “Díaz es el primero que logra una reconciliación nacional”.

Ciudad de México, 8 de julio (MaremotoM).- Cuenta José Luis Trueba la historia de un Porfirio Díaz humano, algo que se escape de la categoría de prócer o de ser repudiable, nefasto para la historia.

En ese sentido, quizás un poco alejado esta vez de la política Díaz, la otra historia (Océano) es muy lindo de leer y de situarse en esa lejanía, aunque no tan distante de México, donde Porfirio ha dicho: “Mi destino no necesita que una gitana lo descubra en la baraja, las ruinas del país sepultarán mi obra y yo seré la bestia negra de la historia. El héroe que fui se convertirá en un traidor. El creador de la nación será condenado a las llamas con el fin de mostrar al más siniestro de los tiranos.”

Díaz. La otra historia narra en primera persona —quién mejor que uno mismo para confesar sus pecados y presumir sus victorias— la vida de Porfirio, el hijo de un cura franciscano que murió de cólera, el seminarista que colgó los hábitos para estudiar leyes, el joven incestuoso que amó profundamente a su sobrina, el masón de la logia Cristo Rey que fue escalando bajo la mirada escrutadora de Benito Juárez, el político agreste a quien su querida Carmelita convirtió en “don Porfirio”, el gran militar y patriota que murió exiliado en París”, dice la editorial.

Repensemos el legado de “uno de los personajes de nuestro pasado que más polémica sigue generando hoy: Porfirio Díaz, aquel chamaco oaxaqueño de gorro de piel de burro que llegaría a cambiar el rumbo de una nación”.

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS TRUEBA (Escucha)

“Porfirio Díaz es un personaje magnífico. Estuvo en todos lados, vive el turbulento siglo XIX, el surgimiento de la nación después de la caída del Imperio. Sin embargo, hay un Díaz que me traía de cabeza. Imagínate a ese Porfirio Díaz que se ha exiliado de México y se va a París. Después de pasearse un poco, el Díaz es muy distinto al que conocíamos aquí. Él era el hombre fuerte de México, pero el gobierno se cayó con un soplido, con una revolución que no logra una gran victoria militar, una revolución chiquita”, afirma José Luis Trueba, autor de Díaz, la otra historia.

Ese Díaz solo, que está en un departamento, que tiene 80 años y muy cerca de la Primera Guerra Mundial, que significa ver la caída de su mundo. “Las cargas de caballería se acabaron, el heroísmo de las batallas se acabó, ahora están las metralletas. Es un hombre que sabe que se va a morir”, afirma.

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José Luis Trueba
Editó Océano. Foto: Cortesía

La historia mexicana está dividida entre Benito Juárez y Porfirio Díaz y cada uno tiene a su propio personaje histórico. “Yo metería ahí a Hidalgo. Ellos muestran tres antecesores que reclaman los distintos gobiernos. Hidalgo siempre le otorga al gobierno la posibilidad de emerger el pueblo. Hidalgo es el pueblo. Juárez en cambio significa el imperio de la ley. También es la economía del Estado y Díaz es el sinónimo del progreso económico. Esto lo notamos. Cuando vemos a nuestros gobiernos actuales, cada uno de ellos ha ido reivindicando a cada uno de los héroes”, expresa Trueba.

José Luis Trueba
“Son figuras que le otorgan al gobierno tal legitimidad tan poderosa a veces como la de los votos”. Foto: Cortesía Facebook

“Son figuras que le otorgan al gobierno tal legitimidad tan poderosa a veces como la de los votos”, agrega.

“Tengo la impresión de que los mexicanos tenemos una suerte de necesidad de psicoanálisis del pasado. Queremos al pasado, pero al mismo tiempo nos da vergüenza. Estamos orgullosos de la cultura indígena, pero cuando se nos aparecen en la calle, la cosa es absolutamente distinta. Estamos orgullosos de nuestros aguardientes, pero cuando hablamos de la negritud que hicieron esos aguardientes, nos da pena”, dice.

En el caso de Díaz, hay dos personajes metidos en un solo cuerpo. Un personaje es el que aprendimos en la escuela, como un dictador terrible. Al mismo tiempo lo consideramos el creador del estado. “Es una cosa ambivalente”, afirma.

“Convertir a don Porfirio en un héroe inmaculado, es muy delicado. Las cosas de él no funcionan hoy”, afirma, al tiempo que reconoce que “Díaz es el primero que logra una reconciliación nacional”.

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