Ricardo Tatto

RESEÑA | Bestiario del Bibliófilo, de Ricardo Tatto

Los ensayos de Ricardo Tatto son divertidos, atrevidos e impregnados de un humor negro, siempre crítico. Disfruté mucho “El manual del buen ponente: una guía práctica para triunfar en congresos literarios”, puesto que me sirvió para hacer este pequeño ejercicio escribiendo sobre su libro y poniendo un título enorme y casi incomprensible que ya he olvidado al llegar a este punto.

Por Osiris Gaona

Ciudad de México, 17 de mayo (MaremotoM).- El libro del que hablaré con gran entusiasmo y su autor son ganadores del Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida con merecida razón, pues se debe al ingenio ensayístico de su contenido, el cual va desde el atrevimiento sutil hasta la crítica mordaz, sobre todo en los ensayos breves que realiza Ricardo Tatto en la segunda etapa de este libro.

El autor sustenta sus comentarios, críticas y perspicacias en su amplio conocimiento sobre la literatura y en su casi enfermiza afición por la lectura, todo salpicado con un amor inconmensurable por los libros. Aunque entre líneas nos sugiere que sus estudios universitarios no corresponden en absoluto a su gran pasión y a lo que actualmente se dedica, lo cual es una gran dicotomía, ya que el autor dedica mucha parte de su tiempo a la promoción de la cultura y es editor de la Revista SOMA, además de ser el director o encargado del changarro de la Red Literaria del Sureste, una tarea mayúscula para la cual no hay una remuneración económica, salvo el agradecimiento profundo de sus congéneres y demás enfermos mentales como él -entre los que me incluyo-, aquellos adoradores y enamorados empedernidos de los libros.

El autor -como ustedes seguramente saben- es un hombre con una altura significativa, sólo equiparable y proporcional al amor por la literatura y los libros. Tatto escudriña, investiga e inventa palabras para asignar a las especies que va presentándonos en la primera parte de su libro. Con un método inédito e innovador, nos va presentando una clasificación equiparable a los clados biológicos de los que Carlos Linneo estaría sumamente orgulloso. Siendo bióloga explico un poco el término: un clado es una agrupación de organismos que contiene a todos los descendientes de un antepasado común y a ese antepasado primigenio.

Ricardo Tatto
Editó NitroPress. Foto: Cortesía

En ese sentido, Tatto descubre y describe con meticulosidad científica a los seres pertenecientes a una nueva familia que él denomina la fauna bibliófila; evidentemente como buen investigador en el tema, nos deja en claro la diferencia que existe entre un bibliófilo y un bibliómano, entre un bibliópata y un bibliorrata y cómo aquellos pertenecen a una rama diferente de los bibliófagos y los bibliorreicos.

A continuación, sólo describiré a uno de esta especie: al bibliófilo incurable, sensu stricto, quien no es únicamente un gran lector, sino uno que prodiga amor al objeto de sus afectos y al libro por sí mismo, éste colecciona y atesora ejemplares por motivos diversos; a saber, ediciones raras, primeras  ediciones, ediciones autógrafas, incunables (las impresas en el siglo XV) o ediciones príncipes (primerísimas primeras ediciones o pruebas de impresión).

En el capítulo que denomina “Bestiario de la fauna bibliófila”, describe a cada una de las especies a las que pertenecen éstos clados, los cuales surgen de un ancestro común y que, aunque han ido evolucionando, aún guardan al igual que sus ancestros el amor por los libros, aunque su aproximación hacia dichos sujetos los ha ido separando en diversos gremios. Así pues, tenemos a los “tsundoku” o apiladores de libros; a los bibliófilos o cazadores de libros de ocasión; a los marchantes de libros, a los voyeuristas bibliófilos, a los birladores de libros, a los coleccionistas, los académicos y un largo etcétera. Aquí cabe señalar que tanto el prologuista de este libro, el escritor tijuanense Daniel Salinas Basave, así como su servidora, cojeamos del mismo pie que Ricardo Tatto en la incesante pasión por la lectura y los libros como objetos de nuestro afecto.

La reflexión e impulso que nos deja este libro de apenas ochenta páginas es profunda, ya que nos hace mirarnos hacia adentro y en esa introspección personal podemos tener una revelación al descubrir a cuál de esas especies de la fauna bibliófila pertenecemos, basándonos en esta clasificación que ha realizado con conocimiento de causa y con la observación como primer paso dentro del método científico.

Por razones obvias, yo me identifico con la especie de los académicos, pero eso no es excluyente, ya que también me empariento con otras ramas, porque también confieso que soy apiladora de libros y que poco a poco me he transformado en una cazadora voraz: siempre persiguiendo una edición especial, sobre todo cuando me obsesiono por algún autor en particular.

Me confieso también una voyeurista que escudriña en las bibliotecas ajenas, mirando de soslayo los lomos de los libros y cerrando los ojos para oler entre los estantes el aroma inconfundible a libro viejo o a libro nuevo, llevándome ello a imaginarme una historia fantástica detrás de los dueños de esos libros. Aunque muchos hayan querido imitar ese olor casi orgásmico de los libros, no existe aún en el mercado de la perfumería algo que se asemeje a ello; en esa línea de pensamiento reflexiono cuando ese olor a libro viejo nos subyuga a varias personas, ya que han querido imitar ese olor y debe haber disgregados en diversas latitudes y zonas geográficas varias especies de amantes de libros de los que Ricardo Tatto describe con gran precisión y sin tapujos con esa su pluma tan suya. Pienso que el olor de los libros es mágico, ya que es el resultado de la mezcla compleja de productos químicos volátiles que se usan en la fabricación del papel, la degradación y oxidación de dichos elementos; es decir, que un libro no se salva del paso del tiempo y alguno de los químicos que le confieren ese olor inconfundible son sustancias como el Tolueno, Vanillin, 2 ethyl exanol, ethyl benceno, etc., los cuales le otorgan esos aromas inconfundibles y cuya evocación sería otro tema a tratar tal vez en un futuro libro, uno en el que su autor y dada pueda describir desde su experiencia a esa especie evocadora de los olores en los libros.

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Algo que aprecié mucho son los exergos que acompañan tanto a las descripciones como a los ensayos breves; por ejemplo, en el capítulo “De los marchantes de libros” cito:

Sería bueno comprar libros, si se pudiera comprar

A la vez el tiempo para leerlos; pero casi siempre

Se confunde la compra de los libros con la

Apropiación de su contenido

Arthur Schopenhauer

Los ensayos de Ricardo Tatto son divertidos, atrevidos e impregnados de un humor negro, siempre crítico. Disfruté mucho “El manual del buen ponente: una guía práctica para triunfar en congresos literarios”, puesto que me sirvió para hacer este pequeño ejercicio escribiendo sobre su libro y poniendo un título enorme y casi incomprensible que ya he olvidado al llegar a este punto.

En su “Manual del buen lector” y en las manías de los lectores pude sentirme menos sola, ya que también debo admitir que pertenezco a ese gremio de gente que aún subraya los libros y dobla algunas páginas para recordar en dónde se ha quedado, siendo que muy pocas veces utilizo un separador hecho para este propósito. Por eso dentro de mis libros se pueden encontrar desde notas del super, recibos de la tintorería, cartitas de mis hijas y a veces he dejado mi propio celular adentro cuando no tengo otro recurso a la mano.

En la sección de ensayos subsiguientes, los cuales se encuadran bajo el subtítulo de “Otras fieras literarias”, el escritor sustenta su opinión con citando la bibliografía de autores e ideas de otros que han causado eco en algunos de sus puntos de vista. El tono de estos ensayos es un tanto más solemne y serio, pero sin perder la frescura de la prosa propia del ensayista, el cual nos habla aquí del humor negro y la maldita corrección política, lo mismo que de la crítica de arte y el periodismo de opinión, el crítico como artista, la crítica cultural según Huberto Batis, análisis vs. crítica y otros tantos tópicos escabrosos en los que sin reparos nos manifiesta lo que él considera que es y no es, así como sus reflexiones personales sobre estos temas. Finalmente, en el último capítulo, nos presenta “De los viajes y otras geografías literarias”, el cual parte de una pregunta casi metafísica: ¿acaso es necesario movernos de nuestro espacio geográfico para poder viajar?

En la segunda parada de su bitácora de periplo literario nos habla de una serie de textos que han surgido de esos grandes viajeros legendarios como Marco Polo, o las largas caminatas de Charles Dickens e, incluso, de las Crónicas marcianas de Bradbury y otros diarios de viaje que han dado a luz enormes obras de la literatura universal.

Por ejemplo, les pregunto a ustedes: ¿cuántas veces han empacado un libro y no lo han leído? Seguro me responderán con la frase más común: “por si acaso”.

En la última parada de este capítulo de Tatto, “La verdad sobre el caso de los viajes mentales”, un texto a caballo entre los géneros de la crónica y el ensayo, me llama la atención un epígrafe que nos hace un señalamiento y propicia una reflexión. Lo quiero citar aquí:

“La lectura a todos nos hace migrantes. Nos lleva lejos de Casa… pero más importante es que nos encuentra Hogares en todas partes.” Jean Rhys

 Y es que según Ricardo Tatto, la manera de viajar no está limitada al traslado de nuestro cuerpo físico, puesto que existe otra forma de movernos, simplemente cerrando los ojos y transportándonos a otro sitio ubicado en algún lugar de la realidad o, ¿por qué no? En un sitio fantástico…

Nadie debe perderse este maravilloso libro lleno de sugerencias que nos deja un aprendizaje que, a mí como a muchas otras personas, tal vez les resulte de valor: existen seres muy similares a nosotros bajo un mismo cielo, seres unidos por el amor a los libros y que viajamos con un boleto redondo a un planeta llamado Imaginación.

Por eso, el autor nos invita a realizar traslados alternativos utilizando el intelecto, que es sin duda la manera más segura de viajar, aunque a veces el regreso se torne complicado de tan feliz que uno puede encontrarse paseando en el interior de un libro como el que nos ha escrito Ricardo Tatto a todos sus lectores.

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