Ana Fuente

RESEÑA | Cicatrices, de Ana Fuente

Es curioso que el libro lleve por título Cicatrices, que se refiere a algo que ya ocurrió y sanó, cuando sus personajes recuerdan mucho más a las laceraciones vivas, se trate quizá de la ilusión o la esperanza de la recuperación de un dolor muy grande, como el que se vive en sus historias. Ansiar la cicatriz, desear que acabe aquello que lastima y la herida por fin cierre.

Ciudad de México, 16 de abril (MaremotoM).-  “Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia”, cuando leo a Ana Fuente recuerdo, invariablemente, ese verso de Fabián Casas. En sus cuentos asistimos a una delicada disección del hartazgo, de la enfermedad, de lo que se va enmoheciendo en las relaciones familiares. Hay una amargura que se cuela en los eventos cotidianos y se convierte en una bola de nieve que lo arrasa todo, porque Ana sabe muy bien cómo poner el dedo en la llaga.

Según el diccionario una cicatriz es una señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida y en su segunda acepción es la impresión que queda en el ánimo por algún sentimiento pasado. Es curioso que el libro lleve por título Cicatrices, que se refiere a algo que ya ocurrió y sanó, cuando sus personajes recuerdan mucho más a las laceraciones vivas, se trate quizá de la ilusión o la esperanza de la recuperación de un dolor muy grande, como el que se vive en sus historias. Ansiar la cicatriz, desear que acabe aquello que lastima y la herida por fin cierre.

Ana Fuente
Cicatrices fue publicado por la BUAP. Foto: Cortesía

Una mujer que encuentra el desahogo de sus penas económicas y sexuales en una relación virtual; una mujer que no puede más con la asepsia de la vida pandémica; una relación que se rompe después de una fiesta en la que las cosas se salen de control; un abuelo con demencia que no reconoce a su hija moribunda ni a su nieta; una sentencia de muerte para un niño que lo es también para la relación de los padres; una mujer que limpia neuróticamente con tal de evitar el contacto con su esposo; otra relación que se rompe por desencuentros fortuitos; una sobrina se encuentra con su tío consciente de que él ya no la reconoce; una familia fracturada por la enfermedad y el accidente; otro par de parejas al borde de la ruptura, como equilibristas que oscilan sobre la cuerda floja sabiendo que la caída es irremediable y una mujer que explota contra su familia en el aniversario de la muerte del padre.

Todos seres rotos, sobrevivientes apenas, que transitan por sus historias fatigados.

Mención aparte para las mujeres: los personajes femeninos de Ana son complejos, difíciles, contradictorios, fuertes dentro de la fragilidad que puede suponer el desconsuelo que habitan, son mujeres que se enfrentan a los embates de su día a día, soportando, navegando ante parejas que les entorpecen la existencia, ante situaciones familiares que las arrastran por los flancos y ellas resisten estoicas, a pesar de desangrarse gota a gota.

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Lo anterior, expuesto a través de una prosa sosegada y punzante al mismo tiempo, de una capacidad narrativa y una devoción por el detalle que sorprende y se agradece. Ana posee la mirada más sutilmente mordaz de la narrativa contemporánea, una mirada que es capaz de mostrar eso que intentamos esconder, lo que elegimos no ver de forma deliberada.

Cicatrices es un libro de doce cuentos sin finales felices, sobre personajes que fracasan en cada aspecto de sus vidas porque no pueden más con el duelo que atraviesan, un duelo que se trata de la muerte en algunos casos, pero en la mayoría es sobre la pérdida. Los personajes de Ana lo pierden todo: las ganas de continuar, los anhelos, la capacidad de amar. Y aún así encuentran la manera de seguir, heridos y maltrechos, soñando con el día en que pongan su mano sobre el corazón y sientan los bordes de la cicatriz.

 

 

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