Killers of the Flower Moon

RESEÑA | Killers of the Flower Moon: Scorsese más vigente que nunca

Y aunque la trama es un tanto lineal, no hay vueltas de tuerca o giros inesperados, desde un inicio intuimos el desarrollo de los acontecimientos, lo que cuenta es la contundencia y lo valioso del mensaje: la construcción de una nación, la estadounidense, a base de un genocidio. Eso sí, Scorsese se guarda una de las mejores y más lindas sorpresas al final.

Ciudad de México, 25 de octubre (MaremotoM).- Martin Scorsese no tiene nada que demostrar a nadie. Ha llegado a un punto en su carrera, a sus 80 años, en que su nivel de virtuosismo es simplemente espectacular. Los adjetivos se quedan cortos para describir la belleza de sus planos, de las tomas panorámicas inmensas que nos regala el cineasta estadounidense de la mano de una bellísima fotografía del mexicano Rodrigo Prieto en su reciente largometraje, Killers of the Flower Moon (Los asesinos de la luna, Estados Unidos, 2023) que estrenó en salas de México el pasado 19 de octubre.

 

Las primeras secuencias y las últimas son de una armonía estética apabullante, en esta épica en la que Scorsese vuelve a profundizar en las temáticas que han ocupado sus obsesiones fílmicas a lo largo de su vasta trayectoria: la corrupción, la avaricia, el poder, las traiciones, la impunidad, el racismo, la opresión y el genocidio que ha ejercido Estados Unidos contra las minorías desde los inicios de su sangrienta historia.

Basado en el best seller homónimo del periodista David Grann, el filme de Scorsese nos traslada a la década de los 20 en el norte de Oklahoma, donde la tribu de nativos Osage, eran dueños y amos del lugar, gracias a los muchísimos pozos petroleros que tenían en sus territorios, lo que los hizo inmensamente ricos, teniendo a su servicio a los blancos de la zona. No obstante, su riqueza se convirtió también en su maldición al ser víctimas de un lento y espeluznante genocidio perpetrado por sus subalternos blancos, muchos de ellos casados con mujeres Osage y dispuestos a todo con tal de heredar sus fortunas.

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En este contexto conocemos al veterano de la Primera Guerra, Ernest Burkhart, encarnado por un sobresaliente Leonardo DiCaprio, quien llega a Oklahoma a trabajar con su tío William Hale, apodado “El Rey”, nada menos que Robert De Niro, en esos papeles hechos a su medida: manipulador, ambicioso, racista y sin escrúpulos. Hale es uno de los hombres más poderosos e influyentes de la región, en buena medida debido a su cercanía con los Osage, quienes lo consideran un verdadero amigo. Al poco tiempo, le sugiere a su sobrino que se case con Mollie (interpretada con sobriedad por Lily Gladstone), una mujer Osage, con la intención de heredar sus títulos de propiedad.

Killers of the Flower Moon
Un deslumbrante Leonardo Di Caprio. Foto: Cortesía

Burkhart, un tipo bastante limitado, cuyos intereses son el alcohol, las mujeres y el dinero, se convierte en el títere perfecto para los oscuros deseos de su tío y a pesar de sí enamorarse de su esposa, acabará cediendo a todos los designios de Hale, a quien ve como un padre, hasta perderse incluso completamente a sí mismo.

Más allá de las tres horas y media de duración y que, como es normal, haya ciertos momentos en los que Scorsese pierda un poco el ritmo y la atención cautiva del espectador, este filme destaca tanto por su hermosa manufactura, su maravilloso diseño de arte y reconstrucción de época, la grandilocuencia de sus amplias tomas y las diversas tonalidades de la fotografía, así como por el agasajo que significa ver en pantalla grande a De Niro y DiCaprio, dando cátedra histriónica. Y aunque la trama es un tanto lineal, no hay vueltas de tuerca o giros inesperados, desde un inicio intuimos el desarrollo de los acontecimientos, lo que cuenta es la contundencia y lo valioso del mensaje: la construcción de una nación, la estadounidense, a base de un genocidio. Eso sí, Scorsese se guarda una de las mejores y más lindas sorpresas al final.

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