Vitale Baglietto

Vitale y Baglietto en México, un concierto para quebrarse el alma

Ya totalmente quebrada, los músicos hicieron “Piedra y camino”, de Atahualpa Yupanqui, en ritmo de flamenco y con esa voz rasgada y prístina. La grabé del sonido ambiente y se la envié a mi hermana Melina, que vive en Barcelona. Oh, Moni, esto es hermoso, me contestó. Cosas que tiene la música.

Ciudad de México, 9 de mayo (MaremotoM).- Son días terribles. Como dice Henry Bedwell, autor de literatura de terror, “todo es pasar el día, despertarnos” y enterarnos de que murió Paul Auster, de que falleció Javier Martínez, que asesinaron a los tres surfistas (uno estadounidense y dos australianos) en Ensenada…

Claro que en el medio, porque de eso se trata vivir, gana el Pulitzer la escritora mexicana Cristina Rivera Garza y hay un concierto que no sé si ir, porque todo es “tan argentino”.

Lo cierto es que después de tener problemas de salud, digo: vamos, levántate y anímate.

Tomo un auto, me llevo el paraguas de todos colores (que perderé) y me arribo a Central Granada 27, un nuevo lugar en Polanco (frente al Sam’s), con mi amigo Arturo (el ideal para la música, porque él mismo es bajista); saludar a viejos amigos oriundos de mi país, que llenaron el lugar para asistir al concierto de Litto Vitale, con su hijo Jano Vitale y de Juan Carlos Baglietto, con su hijo Julián Baglietto.

Debo decir que el lugar es precioso (Central Granada 67). Que la acústica (era su primer concierto) suena ideal, que todos escuchamos ese show inolvidable, que había cosas argentinas como sándwiches de miga (recordarte siempre, Pappo), empanadas al horno y unas cervezas recontraheladas, que así nos gusta. Así que no podía decir nada en contra de ese país que hace seis años que no voy y por otro lado estos son artistas que me gustan mucho. Desde Litto Vitale, que como arreglador, compositor, intérprete, ha llenado las páginas de historia de la música argentina, como ese cantante Juan Baglietto, que con 67 años, interpreta las canciones de Divididos, de Spinetta, de Fito Páez, de Charly García, como lo hacía cuando tenía 20.

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Así que todo estaba bien, hasta que por el arte de estos inmensos artistas, me quebré. El corazón y el alma se partieron al compás del rock (ese decir de Juan que no hacemos tango desde el tango) y no sólo arder las pasiones y las nostalgias con la música que me ha formado y deformado, sino también sorprenderme con la actualidad de este grupo que con cuatro integrantes sonaban como una orquesta sinfónica.

Desde “La vida es una moneda”, “11 y 6”, de Fito Páez, desde “Las cosas tienen movimiento”, con un Luis Alberto Spinetta renacido por Juan, hasta “Diablo vital”, de Lito con el trío, cada uno de los temas no solamente tenían recuerdos muy gratos en mí, sino que en esta actualidad confirmaban una vigencia atronadora.

En el medio de la dictadura argentina, del crecer rodeado de asesinos y torturadores, se hizo esta música en mi país.

Ya totalmente quebrada, los músicos hicieron “Piedra y camino”, de Atahualpa Yupanqui, en ritmo de flamenco y con esa voz rasgada y prístina. La grabé del sonido ambiente y se la envié a mi hermana Melina, que vive en Barcelona. Oh, Moni, esto es hermoso, me contestó.

Cosas que tiene la música.

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